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miércoles, 25 de abril de 2012

Eres amor puro

 

  
EL Amor

Fuiste creado para ser completamente amado y completamente digno de amor, por toda tu vida!

EL tiempo no puede manchar tu esencia, tu porción de espíritu. Pero si pierdes de vista esta esencia, confundirás tu Yo con tus experiencias, y no cabe duda de que las experiencias pueden contribuir en gran medida a destruir el amor. En un mundo a veces hostil y brutal, conservar la inocencia parece imposible. Así descubres que sólo experimentas una limitada cantidad de amor, que eres digno de amor sólo hasta cierto punto. Esto puede cambiar.

Aunque te veas a ti mismo en términos limitados, como una mente y un cuerpo confinados en tiempo y espacio, existe una tradición de enseñanzas espirituales que afirma lo contrario. En espíritu, eres infinito para el tiempo y el espacio, intocable para la experiencia. En Espíritu eres amor puro.
Cada uno de nosotros debe descubrir por sí mismo que el amor es una fuerza tan real y verdadera que es capaz de abrirnos las puertas de lo inimaginable, y que ser sostenido por él todos los días, a cada minuto, no es una fantasía: debería ser nuestro estado natural.

El camino hacia el amor

Para la sociedad, el ciclo "normal" del amor consiste, simplemente, en hallar un compañero adecuado, casarse y criar a los hijos. Pero este patrón social no es el camino, pues la experiencia de casarse y tener familia no es automáticamente espiritual.

Aunue sea triste decirlo, muchas personas entablan relaciones de por vida en las que el amor se marchita con el tiempo o proporciona un compañerismo duradero sin crecer en su dimensión interior.
En la actualidad, la gente vive consumida por dudas respecto a sus relaciones: "¿He encontrado al compañero adecuado? ¿Soy fiel a mí mismo? ¿He renunciado a la mejor parte de mí mismo?" Como resultado, existe una incansable especie de consumidores en la búsqueda de un compañero que comprar, como si se pudiera hallar el "adecuado" sumando los pros y los contras de la posible pareja.

Sin embargo, el camino hacia el amor nunca se refiere a lo externo. Al margen de lo buena o mala que te parezca tu relación, la persona con la que estás en estos momentos es la "adecuada" porque es un espejo de lo que eres por dentro. Esto es algo que nuestra cultura no nos ha enseñado (como tampoco ha sabido enseñarnos otras tantas cosas sobre las realidades espirituales). Cuando discutes con tu compañero estás discutiendo contigo mismo. Cada defecto que le ves toca una debilidad negada en tu interior. Cada conflicto que planteas es una excusa para no enfrentar un conflicto interior. Por lo tanto, el camino hacia el amor aclara un error monumental, que cometen millones de personas: el error de creer que alguien, "allá fuera" va a dar o tomar algo que aún no tienes. Cuando realmente encuentras el amor, te encuentras a ti mismo.

Por ende, el camino hacia el amor no es una elección, pues todos debemos descubrir quiénes somos. Tal es nuestro destino espiritual. El camino se puede posponer, puedes perder la fé en él y hasta desesperar de que el amor exista siquiera. Nada de eso es permanente, sólo el camino lo es.

La duda refleja el ego, que está limitado en el tiempo y el espacio; el amor refleja la eterna esencia divina. La promesa última, en el camino hacia el amor, es que caminarás a la luz de una verdad que se extiende más allá de cualquier verdad que tu mente conozca.

Hay tres tipos de amor

El primero es amor infantil, amor fetal. Aquel que exige, pero nunca da nada a cambio. Amor donde los padres le brindan al niño todo lo que pide y necesita. El niño se siente confiado y gozoso, pues están cubiertas sus necesidades y deseos, pero este tipo de relación tiene por necesidad que durar poco, si es que la naturaleza quiere que los seres a los cuales ella provee, aprendan y evolucionen. De lo contrario, producirá seres raquíticos, dependientes, que morirán ante la adversidad por la inercia que los caracteriza. Crecerán como seres humanos egoístas, faltos de compasión y tolerancia hacia todo aquel que compita con sus deseos y no les supla. Tendrán relaciones tormentosas, de explotadores vs explotados. Necesitarán prácticamente de esclavos y sirvientes que estén atentos a sus reclamos, de lo contrario, se comportarán como déspotas con sus más allegados. Todos conocemos y hemos experimentado en carne propia este tipo de amor humano.

El segundo es amor de intercambio. En este grupo caemos la inmensa mayoría de nosotros los humanos. Es amor de comerciante, donde hay trueque de cariños. Si me das, te doy, más si me lo quitas, me enojo y ya no te quiero. Es amor sinónimo de "te quiero mientras me suplas, me acompañes y te rindas a mis deseos". Es el amor pasional y emotivo en donde comienzan la mayoría de las relaciones humanas, relación que se da entre amigos, en el trabajo, en la familia. Es amor barato y pasajero porque nadie, ningun persona podrá estar constantemente supliéndole de manera perfecta a otra. Algún día fallará, todos tenemos debilidades, defectos y cometemos errores. Nuestros estados de ánimo son tan variables, que difícilmente haya alguien que pueda mantener el cien por ciento de dicho estado de estabilidad emocional. Claro, lo ideal sería que llegáramos a eso.

Sin embargo, hay un Gran Amor, AMOR con mayúscula, que es el amor incondicional. Es el amor divino, el amor que han procesado y manifestado los grandes Iluminados de nuestra humanidad. El amor de madre que se ve reflejado imperfectamente, es el más genuino que se acerca a este amor divino en nuestro plano humano. Es amor de compasión, que se da a cambio de nada, sin el más mínimo interés, tan sólo que la persona que lo reciba sea feliz. Es el AMOR que le dice a la persona amada, qué quieres que yo te dé y no, qué quiero yo que tu hagas o tengas. Tan sólo basta, que el objeto de amor exista como razón misma de ese amor. Son muy pocos los que viven este tipo de amor, pues requiere mucha voluntad de cambio, evolución de emociones y pensamientos por muchas vidas anteriores.

Este debe ser nuestra meta final de evolución como seres conscientes y sensibles a los que se nos ha dado la capacidad de voluntad y libre albedrío. Este amor verdadero no amarra ni esclaviza, abre puertas, nunca las cierra y no es asfixiante. Permite que el objeto del amor se desarrolle al máximo de sus capacidades, a sus necesidades intrínsicas como ser que es y de acuerdo a sus potencialidades. Los defectos del Ser a quien se ama con este tipo de amor divino se aceptarán, pero a la vez, con mucha paciencia, tolerancia y compasión se le apoyará para sanarlos en el momento apropiado para la persona y no cuando yo quiera.

Este amor no intenta cambiar a nadie y acepta cada cual donde esté porque sabe que nadie puede cambiar a nadie, a menos, que la persona de cambio así lo quiera, en plena consciencia de ella. Además, cada persona está donde tiene que estar para aprender unas lecciones o experiencias en dicho estadío o porque no sabe hacer otra cosa mejor, de lo contrario, ya hubiera hecho el cambio favorable.
Eduardo Mattei, M.D.

Comparto con Amor y Luz

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