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viernes, 25 de enero de 2013

CRÓNICAS DE ÁVALON PARTES 1, 2 Y 3 CON AUDIOS



Emilio Carrillo

Recuerdos de Ávalon

Ya se que parece increíble, pero entre los años 2009 y 2010 tuve el privilegio de pasar un largo tiempo en Ávalon, la célebre Isla de Cristal, que no es imaginaria, sino Real.

Un hecho tan maravilloso lo había compartido hasta hora con muy pocas personas. Pero el pasado 30 de marzo, con ocasión de la presentación oficial en Sevilla del libro El archivo oculto de Ávalon de mi buen amigo Alberto Luis Fernández, llegó el momento de expresarlo abiertamente y sin reparos.

El video de la presentación, que incluye mi “confesión”, dura 35 minutos y lo podéis ver en You Tube (en la ventana de búsqueda, escribir: Presentación oficial de "El archivo oculto de Avalon") o a través del siguiente enlace:

http://www.youtube.com/watch?v=0Yj7WHc3QpQ

Aunque tomo la palabra al comienzo de la presentación para hacer los saludos de rigor, mi intervención como tal discurre entre los minutos 7 y 24 del vídeo.

Durante ella hablo igualmente de unas Crónicas de Ávalon que escribí en su momento.

1. Llegada a la Isla de Cristal (entrada del 16 de noviembre de 2009)

2. Ritmo de Vida (9 de diciembre de 2009)

3. Merlín (20 de enero de 2010)




CRÓNICAS DE ÁVALON, Emilio Carrillo – Parte 1: La Isla De Cristal, CRÓNICAS DE ÁVALON 

 

http://2.bp.blogspot.com/-3OetTIw_rc0/UQMgyP-IRGI/AAAAAAAAC48/M_WjZ7ZR1Vo/s400/MORGANA.jpg

Audio 




Busco la inspiración para estas líneas oteando por el amplio ventanal que configura una de las cuatro paredes, de idéntico tamaño, que conforman mi habitación, orientada al este y situada en la planta más alta y noble del castillo de la Reina de las Tempestades. Contemplo el despertar de la mañana y al Sol enamorándola con sus refulgentes atractivos. La Luna se resiste a salir del escenario celeste y observa impasible estos devaneos matutinos, como pensando para sus adentros “¡todos los días lo mismo!”. Al fondo, la inmensidad del Océano Atlántico parece embravecerse cuanto más me concentro en su azul intenso. Y cercano, al alcance de la mano, se abre en extensión el multicolor paisaje de Ávalon, la isla en la que me dispongo a disfrutar de unas prolongadas vacaciones, ¡medio año sabático!, gracias a la invitación de Nimue. 


Sobre el variado verdor de las lomas, que se suceden de forma raramente armónica hasta perderse en el horizonte, destaca la bella estampa de los manzanos, que en enorme número dan aquí durante todo el año sabrosas frutas. Nimue las llama “abal”, aunque sus dos mejores amigas, las también hadas Elaine y Igraine, prefieren denominarlas “aval” -remarcando la “v”- y “afal” -pronunciando la “f” entre “f” y “v”-, respectivamente. Según me explican, estas diferencias fonéticas obedecen al distinto origen geográfico, cultural e idiomático de cada una de ellas, pues Nimue nació en una ciudadela celta de Finisterre, muy próxima al lugar donde la conocí hace algunos años, Elaine en la Bretaña francesa e Igraine en las costas de Gales. En lo que sí coinciden las tres es en que el nombre de la isla deriva precisamente del otorgado a la fruta y no, como a veces se oye, de la palabra celta “Annawyn” (o “Annauvin”), que significa literalmente “Reino de Hadas”, por más que aquí vivan las tres citadas junto a otras seis reinas hadas más. 

Hace ya unos días que llegue a Ávalon, no me pregunten exactamente cómo. Pero hasta ahora no había tenido un rato de sosiego en el que encender el portátil y meditar como más me gusta: vaciando mi mente de pensamientos en la medida en que me vuelco mí Ser en el teclado del ordenador. Sé que soy un privilegiado al poder residir durante unos meses en esta isla, vedada rotundamente a foráneos y escondida a extraños con un mágico velo que simula una densa bruma, curioso disfraz para una tierra tan llena de brillo. Por ello, tengo la intención de redactar y distribuir entre los amigos una especie de crónicas, así las llamare, Crónicas de Ávalon, de lo que aquí vea y experimente. Es lo menos que puedo hacer en solidaridad con quienes no comparten mi suerte. Y, en esta primera entrega, he de contar lo más excitante que me ha acontecido hasta ahora: el encuentro con Morgana, la mayor de las mencionadas nueve reinas hadas. Nimue, para que no me dejara engañar por las mentiras que se cuentan sobre Morgana –personificación, según algunos, del mal, el odio y la venganza-, me había hablado tanto de ella que creía que ya la conocía sobradamente. ¡Qué ingenuidad! 

Estaba en aviso acerca de su belleza ardiente y el deseo, la tentación y la pasión que enciende, pero la realidad de Morgana supera cualquier expectativa. Su cara, moldeada con luz incolora; sus gestos, expresión del equilibrio mismo; sus palabras, precisas y cargadas de plenitud; su porte, ángel de fuego; su risa, imán de alegría; su aura, explosión cósmica; y sus lágrimas, cascada de amor. Sí, sus lágrimas, que la asaltan en cuanto empieza a hablar de su hermanastro Arturo, el célebre y mítico rey, cuyo cuerpo fenecido reposa desde hace quince siglos en una holgada cama dorada ubicada en medio de la Sala del Trono del castillo palaciego que Morgana, ella sola, habita: Arturo quedó moribundo en la Batalla de Camlann, en el año 537; y casi muerto fue traído a Ávalon en un navío pilotado por la propia Morgana, a la que Nimue, La Reina de Gales del Norte y la Reina de las Tierras Baldías acompañaron en tan triste travesía. Para que la conociera, Nimue convenció a Morgana de que organizara una cena para un puñado de comensales y me incluyera entre los invitados. Al terminar la sobremesa, me adentré en el Salón del Trono y me dirigí al lecho donde yace Arturo. Al acercarme, quedé paralizado por una fuerza invisible que me impedía continuar mi aproximación. Desde la distancia que me vi forzado a respetar, contemplé el cuerpo de Arturo, incorrupto y hermoso a pesar de las centurias transcurridas desde su fallecimiento. En un momento dado, Morgana se situó a mi espalda para tomarme luego de la mano y alejarme a un rincón de la estancia, lejos del resto de contertulios. Me ofreció asiento en un confortable sillón, a la par que ella se dejaba caer en otro contiguo. Y, clavando sus ojos en los míos, me dijo:-Querido Emilio, en tu entrecejo es muy visible el Tercer Ojo, que me indica que eres una persona en la que se puede confiar. Y antes de que te enteres por terceros, prefiero contártelo yo-.

-A que te refieres, Morgana-, le pregunté sorprendido.-A mi hermanastro Arturo y a su enfrentamiento con Mordred, que llevó a la muerte a los dos-, afirmó con visible dolor.-¿Mordred?-, musité.-¿Nimue no te ha contado nada?-, me inquirió a la par que cruzaba las manos sobre su regazo.-No, Morgana, nada en absoluto-, le contesté tranquilo, pues era la verdad.-Lo debí suponer, dada su discreción. Mejor así, que lo sepas por mí-.Y tras unos segundos de silencio y respiración profunda, prosiguió:-Lady Igraine fue madre de Arturo y mía. De su primer matrimonio, con Gorlois, duque de Cornualles, nací yo. Y Arturo de sus segundas nupcias, con Uther Pendragon. Nunca nos encontramos antes de ser jóvenes. Y cuando lo hicimos, no nos reconocimos como hermanastros e, increíblemente, nos enamoramos. Apasionadamente, Emilio, locamente…-.Aunque calló, no pude articular palabra y me limité a hundirme un poco más en mi asiento. Afortunadamente, pronto continuó:

-De nuestro amor nació un lindo bebe, al que pusimos como nombre Mordred. Pero cuando Arturo se dio cuenta de que éramos hermanos y nuestro hijo fruto del incesto, perdió la cabeza y quiso asesinarlo-.- ¡Cielos!-, exclamé sin poderlo evitar.-Como madre, Emilio, no podía consentirlo y puse al pequeño a salvo, en los dominios de mi hermana Morgause. Sin embargo, Arturo era ya otra persona, nada que ver con el hombre honesto y generoso del que me enamoré. Inmerso en la demencia, mutó en Herodes y promulgó un bando ordenando que todos los niños que hubieran nacido por esa época fueran abandonados en una barca a merced del océano. 

Muchos inocentes perecieron por tan vil decisión. Aunque, protegido por su tía, Mordred logró sobrevivir. Y, ya de adulto, Morgause lo envío de retorno a la corte de Arturo para que ejerciera sus derechos reales.-Y Arturo, ¿qué hizo?-, pregunté con el corazón dándome brincos ante la sinceridad de Morgana y la confianza que mostraba a pesar de acabarme de conocer.-Nunca lo reconoció ni como hijo ni, mucho menos, como sucesor. Y cuando la confrontación entre Arturo y su caballero Lanzarote, a causa de los amores de Ginebra, debilitó al reino, Mordred aprovechó para proclamarse soberano. Lo que provocó la contienda entre sus partidarios y los de Arturo. ¡Padre e hijo en guerra abierta! Por fin, en la Batalla de Camlann, Arturo mató a Mordred, aunque él también quedó herido de muerte-.-Fue entonces cuando lo trajiste a Ávalon-, apostille.-Efectivamente. Y aquí falleció poco después. Desde entonces he custodiado y cuidado de su cuerpo esperando el día en que su alma asuma el reto de encarnarse en un nacido en Ávalon. Esa será la señal de que, en la cadena de vidas que constituye nuestra verdadera existencia, estará ya preparada para afrontar las asignaturas de índole espiritual que dejó pendiente cuando encarnó cual rey. Y yo estaré aquí para ayudarla y, a la vez, atar los cabos existenciales que, igualmente, tengo por cerrar-.Llegados a este punto de la conversación, Morgana se levantó con lentitud y, sin mediar más palabras, puso el dedo índice de su mano izquierda sobre mis labios, me beso en el entrecejo y se alejó. De retorno al castillo de la Reina de las Tempestades, Nimue me acompañó en silencio. Era consciente de que Morgana me había abierto su corazón. E intuía el efecto que ello había causado en el mío. Aquella noche no quería dormir, sino refugiarme en el sueño. Pero me costó. No obstante, me levanté, como acostumbro, al amanecer y con una idea clara que emanaba pletórica y entusiasta de mi interior: si había llegado a Ávalon con unas ganas inmensas de acumular experiencias y conocimientos, ahora sabía que en la isla me aguardaba algo más trascendente. 

Exactamente aquello que Nimue me había anunciado al invitarme, pero entonces no entendí:-En la isla tendrás la oportunidad de pasar al otro lado del espejo. En libertad, Emilio, siempre conforme a tu voluntad y en libre albedrío, en Ávalon podrás cruzar al otro lado del espejo. Es por eso que también la llamamos Ynys Witrin, es decir, la Isla de Cristal.

Posteado por Oliver Mora.http://novaterra2013.blogspot.comhttps://www.facebook.com/Novaterra2013WebSite: http://despertando.me/?p=118780

Crónicas De Avalon, Parte 2: Ritmo De Vida, Emilio Carrillo






Audio 




Esclarece. El Sol empuja la maitinada. Por el ventanal de mi habitación siento su energía y la de la excitación de la Naturaleza por la alborada. Al repasar la agenda, una nota en ella me recuerda que me corresponde escribiros la segunda Crónica desde Ávalon. Lo que quiere decir, a su vez, que son 30 los días que suma mi estancia en esta singular tierra. ¿Treinta ya?, ¡imposible!, me digo a mí mismo. Pero repaso el calendario y confirmo la veracidad de lo que la agenda reseña, por más que mi percepción íntima me condujera a pensar que son bastante menos las fechas en las que llevo disfrutando de la hospitalidad de los pobladores de la isla, en general, y de la Reina de las Tempestades y su castillo, en particular. 

En un primer momento, he responsabilizado de tal discordancia entre percepción y realidad a la distinta forma de medir el tiempo que se usa en Ávalon. Verán. Como nosotros, sus habitantes utilizan cual parámetro de referencia el intervalo entre dos pasos sucesivos del Sol tanto por el mismo meridiano –un día, que llaman “Dywrnad”- como por el equinoccio medio (por ejemplo, de primavera a primavera) –un año trópico (365,24 días), que denominan “Flwdad”–. Pero, por lo demás, su cuenta del tiempo es muy distinta al no emplear ni el segundo, ni el minuto, ni la hora, ni las semanas, ni los meses. Al “Dywrnad” lo dividen en 3 periodos iguales o “Wymrod” (puede ser traducido como “dedicación”), equivalente cada uno a 8 horas nuestras: el “Wymrod-Gwed” (“dedicación al descanso”), que abarca la noche cerrada y el amanecer e incluye dos tiempos de meditación personal, al comienzo y al final del periodo, así como el desayuno; el “Wymrod-Kajer” (“dedicación al Amor”), que sucede al anterior y en el que se realizan trabajos al servicio a la comunidad conforme a la vocación y talentos particulares (cuenta con una interrupción para la comida); y el “Wymrod-Agos” (“dedicación íntima”), que ocupa la tercera y última parte del día y se centra en el recogimiento interior, el silencio, la lectura e, igualmente, el encuentro con los demás (se produce en torno a la cena) para compartir tanto reflexiones y experiencias como juegos, divertimentos y expresiones artísticas individuales y grupales.A su vez, cada “Wymrod” se reparte en 4 “gustynt” (“soplo de viento”), compuesto cada uno por 1560 “hanadles”. Éste término significa “respiraciones” y tal cifra es, de hecho, las veces que un ser humano normal y en estado sereno reproduce el ciclo inspiración-expiración a lo largo de un “gustynt”, esto es, durante dos horas. Y, por fin, 91,3 “Dywrnad” configuran cada una de las cuatro “Tymrau” (“estaciones”) del “Flwdad”, empezando a contar cada nueva fase anual en coincidencia con el solsticio de invierno, fecha que, metafóricamente, identifican con el Nacimiento del Solen 

resumen, esta es la escala de tiempo usada en Ávalon:+Unidad base: 1 “hanadles” (respiración), 5,62 segundos nuestros.+1560 “hanadles”: 1 “gustynt” (soplo de viento), 2 horas.+4 “gustynt”: 1 “Wymrod” (dedicación), 8 horas.+3 “Wymrod”: 1 “Dywrnad” (día), 24 horas.+91,3 “Dywrnad”: 1 “Tymrau”, cada una de las estaciones del año.+4 “Tymrau”: 1 “Flwdad” (año) (365,24 “Dywrnad” o días).

Por mi propia vivencia, puedo asegurar que esta forma de medir el tiempo, quizá por tener su soporte primigenio en el lapso de la respiración, provoca la sensación de su mayor duración, razón por la que no es de extrañar que achacara a ello la aludida discordancia. Sin embargo, recapacitando sobre el asunto, he desembocado en una conclusión que ahora que la escribo me resulta obvia: la escala enunciada no es la causa, sino la consecuencia del ritmo de vida que se sigue en Ávalon. Un ritmo bastante más sosegado y lento (empleando el calificativo de modo no peyorativo, sino descriptivo) del habitual en nuestra sociedad. 

Esta conclusión me ha hecho rememorar una de las primeras conversaciones que mantuve con Nimue, no mucho después de conocerla. Fue una apacible tarde de otoño, en un pequeño y oculto recoveco de uno de los acantilados que se agrupan en torno al cabo de Finisterre. En soledad, esperábamos codo con codo la puesta de Sol. Nimue, a propósito de un comentario mío acerca de la paz que impregnaba la ocasión y nos llenaba a nosotros mismos, me dijo con la agudeza que la caracteriza:-La civilización, Emilio, a la que perteneces y la visión que la domina ensalzan el exceso como ninguna otra cultura lo había hecho antes. Por lo que hemos hablado y por lo que sin necesidad de palabras de ti se desprende, sé que eres plenamente consciente de ello. Pero la mayoría de tus congéneres están cegados por una visión productivista, consumista, vacía de valores y antagónica a cualquier percepción trascendente y espiritual de vuestro ser. Es más, como si fuera lo más normal, en torno al exceso habéis configurado una retórica, algunos pretenden que hasta una épica, amplificada por la publicidad y los medios de comunicación. 

El exceso –sea en acumular riqueza, o en ganar medallas olímpicas- se ha elevado prácticamente a la categoría de heroicidad. Y los periódicos y los informativos, por ejemplo, no destacan el quehacer de los verdaderos héroes –que hay muchos, multitud de hombres y mujeres, por todo el planeta y en los más diversos contextos- sino el “éxito” del “triunfador”, que suele ser un señor o señora que aporta mucho a sí mismo y casi nada a los demás-.

Lejos de sentirme herido por esta crítica a nuestro mundo, me identifiqué absolutamente con ella. Es más, apliqué al caso los años que he dedicado al estudio de la Economía:-Tienes toda la razón, Nimue. Y el sistema económico tiene mucho que ver con lo que señalas. La Economía-Mundo lo contamina todo con su aroma mercantilista y sus reglas del comercio sin alma: poco importa el verdadero valor de las cosas –su valor intrínseco o de uso- y todo se reduce a su precio –su valor de cambio y, a menudo, especulativo-. 

Es una auténtica subversión del orden natural de valores-.-Pero no te quedes ahí-, me interrumpió. –Lo más grave es que para conseguir que las personas asuman tal subversión, se promueve un modelo de vida que mira siempre al mañana, a lo que pueda deparar el futuro, jamás al presente. El objetivo es claro: que al colocar la mirada en un futuro virtual y frecuentemente quimérico, no observéis la realidad tal cual es. Todo os alienta a plantearos constantemente metas y retos para el mañana, sin capacidad de crítica, sin saber de verdad si son vuestros o impuestos por otros, sin miraros nunca al espejo del hoy, de lo real. Igualmente, se os anima a transgredir límites y fronteras en un contexto de culto a la velocidad. Y a esto se le llama disfrutar la vida. A costa de lo que sea, incluso de vosotros mismos y vuestra auténtica identidad; y sin conocer por qué y para qué-.-Efectivamente-, ahora fui yo el que corté su exposición. -De este modo, se nos llena la mente de ruido, del ajetreo incesante provocado por un mundo “en progreso”, “en avance”, aunque nadie sepa bien hacia dónde. 

Todo vale, en definitiva, con tal de que no tengamos la mente limpia, quieta, que es lo que nos permitiría conectar con nuestra dimensión profunda, nuestro Yo Verdadero-.Apartando un momento mi atención del horizonte, giré la cabeza y contemplé la corta melena trigueña de Nimue, que daba la sensación de querer volar siguiendo los impulsos del viento que nos regalaba en abundancia el océano. Estaba a punto de acariciar sus cabellos, que asemejaban finos hilos dorados empeñados en jugar entre sí, cuando torció hacia mí su torso para continuar la conversación:

-Y casi nadie se sorprende por tanto dislate, aunque, paradójicamente, os escandalicéis cotidianamente ante los nocivos efectos e impactos, individuales y colectivos, de tanta proclama aparentemente rompedora. Os habéis acostumbrado al cómodo ejercicio de seguir la corriente, transitando por la vía rápida de los extremos y renunciando a lo que Aristóteles definió y defendió como el “justo medio”, “in media virtus”, lugar de excelencia, según él, para la ética y la razón. De esta forma, el equilibrio está quedando fuera del alcance de cada persona y de vuestra sociedad-.-“In media virtus”- repetí mecánicamente, a la par que veía como al Astro Rey le faltaba poco para zambullirse en las aguas atlánticas.

-En última instancia, la elección no es entre felicidad o no-, afirmó Nimue acelerando sus palabras, como si quisiera completar sus razonamientos antes de que el Sol se despidiera hasta mañana. -Todo el mundo, sin excepción, quiere ser feliz. La clave radica en lo que se entiende por felicidad. Y aquí sí que hay que optar: entre un modelo de felicidad ajeno a nosotros, impuesto, como os pasa a vosotros, por la visión y sistema dominantes; y la felicidad tal como la vemos y percibimos honesta, sincera y conscientemente desde nuestro interior. La experiencia de los triunfadores, de los rompedores y de los se aplican un modelo de felicidad ajeno a ellos mismos indica con rotundidad lo que espera al final de ese camino: frustración, insatisfacción, nostalgia sin objeto, estrés, depresión, vacío. Y la de los que han optado por el “in media virtus” también es contundente: felicidad equilibrada, duradera, armoniosa y hasta contagiosa-.-Y aunque es difícil transitar por el sendero del medio cuando la sociedad nos impone un ritmo frenético-, dije con convicción, -son muchas las personas que se han percatado del desatino y comienzan a intentarlo. Yo también lo procuro cada día-.

La plenitud del ocaso nos absorbió. Nimue tomó mis manos y las acurrucó entre las suyas. El Sol se sumergió en el horizonte incendiándolo con tal vigor que parecía que todo el océano no sería suficiente para apagar el fuego que había provocado. El espectáculo sobrecogía por su belleza. Y sus influjos energéticos nos mantuvieron en silencio un buen rato, hasta que comenzó a bajar el telón de las estrellas. 

En aquellos instantes me sentí radicalmente libre, incorpóreo. Con la mente callada, sin pensamiento alguno. Gozando por existir, ni más ni menos. Sin nada que enturbiara la simple y honda sensación de Ser. Soy y soy por siempre: esto era lo único que emanaba de mi interior. Pero no en forma de ideas o conceptos, sino como luz. Una luz que brotaba de mi pecho, me rodeaba de los pies a la cabeza y se lanzaba a continuación hacia cuanto me rodeaba. ¿También hacia Nimue? La busqué con la mirada. Y aquella fue la primera vez que asistí a lo que le sucede a las hadas cuando contemplan la puesta de Sol. Nimue tardó en recuperar su configuración física. Sus ojos de verde aceituna fueron lo que antes se materializó en medio de la gran bola de luz, esplendorosamente blanca, en la que se había transformado. 

Posteriormente, sin prisa alguna, todo su cuerpo fue reapareciendo. Trozo a trozo, trazo a trazo, como si su hermosa estampa fuera surgiendo del pincel tocado al óleo de un invisible e inspirado pintor. Completada la obra, como si tal cosa, me sonrío. Y, sonrojada por haber desnudado su esencia en mi presencia, retomó la conversación que habíamos dejado atrás:-Algún día tienes que venir conmigo a Ávalon. Comprobarás que es perfectamente posible vivir con un ritmo de vida distinto. 

En la isla prima la moderación y el sentido común en la delimitación y cobertura de nuestras necesidades; se paladean las pequeñas cosas y los detalles, con alto valor de uso, pero bajo valor de cambio; se buscan y hallan espacios para el encuentro interior y experiencias de silencio; se constata que la transformación interior es la llave del cambio social y que se precisan ojos nuevos para lograr un mundo nuevo; se incrementa el compromiso con la Naturaleza y la Madre Tierra, nuestro gran hogar; y se disfruta por compartir con los demás y practicar el Amor Incondicional, incluso hacia el que en un momento dado nos hace daño. Sabemos, Emilio, que el Amor contra Resistencia es la gran enseñanza que nos corresponde en un planeta, autentico ser consciente, que se ha vestido de dualismos para propiciar nuestro aprendizaje, para que unamos el polo positivo con el negativo y la luz se haga en nosotros, iluminando, a la par, la Creación-.Tienes que venir conmigo a Ávalon. Aquellas palabras me parecieron entonces puramente protocolarias, pues no podía imaginar que la isla me abriera sus secretos. No sabía que un hada no entiende de protocolos ni de cumplimientos. 

Así que ya estoy en Ávalon. Y he podido comprobar de primera mano que lo revelado por Nimue es una magnífica realidad. Se saborea aquí la espera de las cosas, disfrutando del momento cuando llegan. Y se práctica una arte casi desconocido ya en nuestra civilización: el arte de no hacer nada, que abre la puerta al silencio, la meditación y el crecimiento interior. Para nosotros, no hacer nada es sinónimo de falta de referencias, lo que provoca nerviosismo, pánico al vacío y urgencia por encontrar algo que hacer. En lugar de no pensar, permitiendo que nuestra dimensión interior inspire la mente, o de concentrarnos en una idea para que madure en nuestra inteligencia, nos hemos convertidos en adictos al pensamiento rápido y, por tanto, superficial y fácilmente manipulable por terceros y por influencias externas. En Ávalon, sin embargo, la gente se concentra en no hacer nada. Y he contado con ellos que, aunque parezca increíble para nuestra mentalidad, es entonces cuando más cosas se hacen, aunque pertenecen a otra dimensión: la del Amor. 

Ciertamente, no es preciso ser un genio para percatarse que hacer las cosas más despacio significa hacerlas mejor. Y ofrece la oportunidad de gozar con la acción de hacerlas, lo que se sitúa estrictamente en el presente, y no con los teóricos resultados de la acción, que pertenecen al ámbito de lo futurible, de lo que está por venir. Un futuro al que nos lanzamos aceleradamente para ni siquiera ser muy conscientes de cuando llegamos a él. Todo mejora, hasta la salud, cuando se prescinde del apresuramiento. La Reina de las Tempestades me lo resumió muy bien en uno de los desayunos con los que me agasaja desde mi llegada y compartimos cada mañana:-Las palabras “rápido” y “lento” representan dos filosofías de vida muy distintas. Rápido equivale a atareado, controlador, agresivo, apresurado, superficial, estresado e impaciente, es decir, todo aquello en lo que la cantidad prima sobre la calidad. En cambio, lento está asociado a sereno, cuidadoso, receptivo, silencioso, intuitivo, pausado, paciente y reflexivo, esto, es, donde la calidad prevalece sobre la cantidad. Por ello, la filosofía de vida de la lentitud puede resumirse en dos cualidades: equilibrio interior y armonía exterior. Esta es la filosofía y el ritmo de vida que rigen en Ávalon-.Tal sería mi cara de sorpresa ante tan efusivo elogio de la lentitud que, de inmediato, me preguntó:-¿Qué te aconsejo hacer para introducirte en el ritmo aquí vigente y tan extraño en tu sociedad? Pues, ante todo, sé coherente: cuando se trata de ir más despacio, no se pueden tener prisas, por lo que conviene comenzar poco a poco. Por ejemplo, es aconsejable empezar con algunas prácticas de “salida del tiempo”, es decir, actividades como la meditación, el silencio interior o, incluso, sentarse en un lugar público o pasear plácidamente observando lo que nos rodea. Igualmente, aplicar la pausa y el sosiego a la hora de comer, de leer,… hasta para hacer el amor-.

Me ruboricé ante este comentario, pues no pude evitar recordar los ejercicios de sexo tántrico en los que Nimue me venía aleccionando con pericia. Seguro que mi cambio de color no pasó desapercibido para la Reina de las Tempestades, que, por otra parte, debía estar perfectamente al tanto de que Nimue pasaba con frecuencia la noche en mi habitación y, por tanto, en su castillo. No obstante, prosiguió como si tal cosa para finiquitar sus consejos:-Si un pequeño acto lento te hace sentirte bien, pasa paulatinamente a lo importante, hasta llegar al punto de replantear tu agenda cotidiana de “actividades múltiples y veloces”. ! Ah!: Y no te dejes embaucar por la falsa sensación que trasmiten las noticias negativas. No permitas que te arrastren a la oscuridad y la tensión. Si es preciso, elimina de tu vida las fuentes que insisten en divulgar las mismas. En el planeta y en tu cotidianeidad ocurren muchísimas más cosas positivas que negativas. Concéntrate en las positivas para aumentar su impacto en tu interior y en el mundo exterior. Te harás un favor a ti mismo y también a la Madre Tierra-.Desde entonces, vengo aplicando estas sencillas recetas y me he dejado contagiar por el ritmo pausado que impera en la isla. Y ello me ha permitido experimentar algo aún más trascendente: que tal ritmo conduce directamente a vivir en el presente, en el ahora, comprobando que es el único sitio donde la vida realmente existe. Pero sobre ello os escribiré en otra Crónica. Sobre todo porque Nimue me ha anunciado que próximamente nos visitará Merlín, todo un maestro, me asegura, en la práctica del ahora.

Posteado por Oliver Mora.http://novaterra2013.blogspot.com/https://www.facebook.com/Novaterra2013WebSite: http://despertando.me/?p=118836

Las Crónicas De Avalon, Parte 3: Merlín, Emilio Carrillo 




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Como adelanté en la anterior Crónica de Ávalon, hace un par de semanas conocí a Merlín, que arribó a la isla para efectuar su anunciada visita. No la pisaba desde hacía tiempo, aunque ahora parece dispuesto a permanecer en ella durante varios meses. Para mi suerte, se ha hospedado en el mismo castillo, el de la Reina de las Tempestades, que a mí me acoge, aunque su habitación se ubica en otra ala del recinto, en una zona prácticamente soterrada. Varios Dywrnad antes de que se produjera mi primer encuentro con él, Morgana fue la encargada de ponerme en antecedentes sobre tan singular personaje. Con un clima fresco y melancólicamente nuboso, habíamos quedado al poco de comenzar el Wymrod-Agos para dar un paseo por la serpenteante senda que atraviesa la pradera de manzanos más próxima a su residencia. 

Morgana lucía una especie de delantal, con un gran bolsillo en medio en el que ir alojando los frutos y plantas que preveía recolectar aprovechando la caminata.-Con Merlín no sólo se aprende, sino que, además, es muy simpático y tremendamente jocoso- fue lo primero que me dijo. –Y con gran corazón. Me ayudó a superar la muerte de Arturo y fue idea suya la de alojar el cuerpo incorrupto de mi hermanastro en la Sala del Trono. Él se encargó de todo, incluida la generación del campo de fuerza que lo protege-.-Perdona, Morgana, si te molesta mi observación-, la interrumpí, -pero, desde que Nimue me informó de su próxima venida, he estado leyendo sobre Merlín en distintos blogs y webs. Y son numerosos los que subrayan que tú y él mantenéis una rivalidad rayana en la enemistad-.-

 ¡Ja, ja ja!-, se rió de forma franca. –Quizá, Emilio, tuvimos nuestros roces al principio. No en balde, fue Merlín quien advirtió a Arturo de que éramos hermanastros, aconsejándole por ello que pusiera fin a nuestra historia de amor. Pero esto no fue sino el preámbulo de una buena relación personal, que ha ido echando raíces con el transcurrir de los siglos. Hoy somos magníficos amigos y siento por él una enorme admiración y un profundo cariño-.-No me extraña-, le comenté sin ocultar mi satisfacción por lo que había oído-. Por Internet circulan abundantes bulos y falacias sobre los temas más variados. Tendemos a otorgar veracidad a todo lo que encontramos y leemos en la Red, pero normalmente sabemos poco o nada acerca de sus fuentes-.-La mejor fuente de sabiduría se halla en el interior de uno mismo. En tu sociedad, tanto más racionalista cuanto más ignorante, se ha olvidado una verdad tan notable y sencilla. La meditación, el silencio y el recogimiento son espléndidas fuentes de conocimiento, las mejores posibles. Y la inspiración y la intuición, sus plasmaciones más elaboradas-, afirmó mientras se detenía y estiraba su brazo derecho para alcanzar una abal especialmente hermosa que pendía en lo más alto de uno de los manzanos. –Y con relación a Merlín, te aconsejo que te acerques a él sin prejuicios. Comprobarás fácilmente el elevado rango consciencial y vibratorio de su alma. Y se abrirá a ti generosamente. Lo hace con todo el mundo y no serás una excepción-.-Así lo haré, Morgana-, le aseguré, a la par que también yo cogía una rojiza abal que pedía a gritos ser degustada.-

No obstante, como mero adelanto de lo que sólo por él debes conocer-, me dijo con dulzura, -sí es conveniente que sepas que nació en Gales, en los últimos años del siglo V, cuando el Imperio romano se caía a trozos. Y que Merlín no es su nombre, sino su apelativo. Antiguamente, se otorgaba la categoría o título de “Merlín” a aquellas personas cuyos talentos les hacían destacar en la triple condición de magos, druidas (guías espirituales celtas) y bardos (poetas del pueblo y de su historia). Como ya dio prueba de ellos en su más tierna infancia, se le tildó cual Merlín desde muy joven, tanto como para que el epíteto sustituyera a su verdadero nombre-.-Entonces, ¿cuál es?-, pregunté con curiosidad.-Emrys Pendragon-, me contestó sabiendo perfectamente que no me pasaría inadvertida la trascendencia del dato.-

¿Pendragon?. ¿El mismo apellido que Arturo?- la interrogué expectante.-Eso es, Emilio. Merlín es hijo bastardo de Aurelius Ambrosius Pendragon, hermano mayor de Uther, el padre de Arturo-, me respondió saboreando cada palabra.-O sea, que Arturo y Merlín fueron primos hermanos-, la deducción era obvia, pero deseaba que Morgana me la confirmará.-

Exactamente-, aseveró aparentando seriedad, aunque bien sentía yo que se estaba regocijando interiormente al constatar la cadena de reacciones mentales que había provocado en mi cerebro.-¿Hay algo más, Morgana, que deba saber sobre Merlín antes de encontrarme con él personalmente?-, le pregunté quizá algo molesto por la citada sensación, pero también agradecido por la información. Morgana pareció pensárselo antes de contestar:-Sólo dos cosas de las que has de ser consciente. Por un lado, de la colosal envergadura de sus poderes. Y, por otro, de una vetusta herida que aún sangra en su corazón. Sobre lo primero, lee la novela medieval Lanzarote y Ginebra. La escribió alguien que trató estrechamente a Merlín y la puedes localizar en la biblioteca de la Reina de las Tempestades. En cuanto a lo segundo, Nimue te dará detalles antes de que Merlín se presente en Ávalon-.Al regresar al castillo en el que me alojo, me apresuré a buscar la novela en la biblioteca. Gracias a que está perfectamente ordenada y clasificada, la hallé sin dificultad. Aquella misma noche la devoré con fruición. De entre sus páginas, subrayé este párrafo relativo a Merlín y sus poderes: “Conocía la esencia de todas las cosas, su transformación y su renovación; el secreto del Sol y de la Luna, las leyes que rigen el curso de las estrellas en el firmamento; las imágenes mágicas de las nubes y el aire; los misterios del mar. Conocía los demonios que envían sueños bajo la Luna. Comprendía el grito áspero de la corneja, el volar cantarín de los cisnes, la resurrección del fénix. Podía interpretar el vuelo de los cuervos, el rumbo de los peces y las ideas ciegas de los hombres; y predecía todas las cosas que sucedían después”

Probablemente por el influjo de la novela, casi desapareció de mi memoria la referencia de Morgana a la antigua herida que todavía fluye en el corazón de Merlín. Pero como también ella había vaticinado, Nimue se encargó de recordármelo. Fue la noche antes de que Merlín apareciera en la isla. Habíamos pasado la tarde en su casa, una coqueta villa campestre ubicada en el sur de la isla. Tras cenar, disfrutábamos del calor de la chimenea que preside el salón principal. No sé cómo la conversación derivó en ello, pero en un momento dado Nimue me besó con fuerza e inició su confesión:-Mañana conocerás a Merlín. Estoy convencida de que congeniaréis perfectamente. Es un ser de luz, como tú. No obstante, quizá al comienzo le cueste asumir tú relación conmigo-.

La miré sorprendido. Iba a decir algo, pero con gestos me pidió que no la interrumpiera:-Cuando Merlín peinaba ya canas y las arrugas de su cara expresaban su ancianidad, conoció a una joven de la que se enamoró locamente. Hacía tiempo que pensaba que tal sentimiento era para él algo pasado y hasta superado, pero el amor de pasión lo desbordó. Era hija del Rey de Nothumberland y Merlín perdió la cabeza por ella. Y no dudó en alardear de sus saberes para que la admiración condujera a la chica a sus brazos. Así, comenzó a enseñarle todo tipo de encantamientos poderosos. Incluso le edificó un palacio en el fondo de una laguna y le dio el nombre de Dama del Lago-.-La Dama del Lago…-, musite para mis adentros, rememorando que había leído algo al respecto.-Vivieron juntos varios años. Pero la evolución espiritual de la joven y los poderes que aprendió de Merlín la transformaron en hada. Y, como tal, quiso gozar de independencia, rompiendo con él. Merlín cayó en una honda depresión y se retiró al bosque de Brocelianda, en Bretaña. Allí permaneció tres lustros en absoluta soledad, hasta que decidió volver al mundo sabiendo que no se había recuperado de aquel mal de amor y que quizá nunca lo lograría-.

-Es una historia triste, Nimue- afirmé conmovido, -pero, ¿qué tiene que ver con nosotros?-.Nimue tomó mis mejillas entre sus manos y vertió sus ojos aceitunas en los míos:-Esa mujer de la que Merlín se enamoró vehementemente y de la que aún sigue prendado… soy yo-.Estas últimas palabras aún martilleaban en mi cabeza cuando a la mañana siguiente me presentaron a Merlín. Físicamente era tal como me lo había imaginado. De hecho, su imagen es muy similar a la que han divulgado de él tantas novelas y películas. Pero sí me sorprendió que de inmediato centrara su atención en mí. Hasta el punto de que, tras los saludos colectivos de rigor, me pasó su brazo derecho por encima de los hombros y me apartó del grupo de personas que nos habíamos congregado para darle la bienvenida:-Morgana, la Reina de las Tempestades y Nimue me han hablado mucho y bien de ti, Emilio, cosa en ellas nada frecuente tratándose, como es tu caso, de un mortal-, dijo con parsimonia. –Me gustaría que fuésemos amigos. Sé que ya estás al tanto de mis sentimientos hacia Nimue. Pero los mismos, lejos de llevarme a confrontar contigo, me inclinan a brindarte mi amistad. Aunque me pese, mi historia de amor con Nimue finalizó hace largo tiempo y lo hizo para siempre. Soy plenamente consciente de ello. Y como la conozco, no dudo que debes ser una persona muy especial para que se haya enamorado de ti-.

Creo que notó que mis ojos se humedecían ligeramente por la emoción que sus palabras generaron en mi interior:-Para mí sería un honor contarme entre tus amigos-, fue lo único que pude responderle.-Pues manos a la obra-, apostilló acelerando su ritmo expresivo. –Si te apetece, como creo que nos alojamos en el mismo castillo, quedamos antes de la cena para comenzar a charlar-.Y así fue. Nos encontramos en la biblioteca. No tenía ni idea de cómo enfocar la conversación. Pero sí sabía que quería tener a Merlín como Maestro durante el tiempo que coincidiéramos en la isla. Opté por permitir que las cosas fluyeran. Y lo hicieron con rapidez. Sentados en sillones contiguos al fondo de la sala, el coloquio pronto entró en unos derroteros en los que Merlín se movía con soltura:-No debes creer, Emilio, que en el intercambio de reflexiones que estamos iniciando y que continuaremos durante los Dywrnad, espero que sean muchos, que compartamos en Ávalon, yo soy el que da y tú el que recibes. Normalmente, quien más recibe es el que teóricamente da, y viceversa. Es una ley cosmogónica que marca incluso la interacción entre el Creador y la Creación: somos lo que damos; lo que damos es lo que recibimos; lo que recibimos construye lo que somos; y vuelta a empezar en un momento presente continuo en el que lo eterno se desenvuelve.-Procuraré no olvidarlo, Merlín-. Me detuve unos segundos para mirarlo fijamente, pues quería que constatase que mis palabras no eran protocolarias. -

Aunque te confieso que me costará trabajo interiorizar una relación de igualdad. Eres todo un Maestro. No te regalo los oídos; es la verdad. Experiencias y Sabiduría se acumulan en ti con plenitud y abundancia. Por superar, hasta has vencido a la muerte y tu vida transita por siglos-.- ¡Sí, ja, ja, ja…!-, se regocijó con estridencia, mientras daba pequeños golpes con sus manos en mis rodillas. –La inmortalidad llama mucho la atención a los mortales… hasta que comprendéis que, en realidad, también sois inmortales. La única diferencia es que mi alma, en su evolución consciencial y vibratoria, no cambia de cuerpo físico y la de cada uno de vosotros sí. Pero somos idénticos en todo lo demás, en lo auténticamente importante, en la hermosa trinidad que en cada uno de nosotros se hace unidad en armonía: cuerpo, alma y espíritu. Y éste nos unifica a todos, pues nuestro Ser profundo es realmente el mismo, el único, el Ser Uno-.-

Torpemente he escrito al respecto en un libro titulado Buscadores-, me atreví a apuntarle.-Lo sé, Emilio. Morgana me lo envío cuando le mostré mi sorpresa porque hubiera abierto las puertas de Ávalon a un extraño-. Su semblante se hizo más serio. -Te reconozco que el aval hacia tu persona por parte de Nimue no me pareció motivo suficiente. Expuesto sin ningún tipo de resentimiento: ¡es parte interesada y su opinión es, por tanto, objetivamente subjetiva! ¿Me entiendes? Pero a través de la lectura de tu texto pude observar tu interior. Me gustó lo que vi y comprendí a Morgana. Por eso te hablo en estos términos tan precisos y rotundos-.-Te lo agradezco-, le dije con sincera gratitud.-Nada hay que agradecer-. Su expresión se tornó de nuevo muy jovial. –Además, me apetece mucho hablar con un mortal. Es aburrido andar siempre entre tanta hada y tanto duende, ¡ja, ja, ja!-. La carcajada volvió a ser estruendosa. –Y confesión por confesión: tu mundo me atrae cada vez más porque cada vez lo entiendo menos-.-Pues me temo que en eso no podré serte de mucha ayuda-, le apostillé sin poder aguantar la risa, en la que de inmediato estallamos los dos. Tras unos pocos hanadles, 

Merlín retomó la conversación:-Estoy estupefacto, no te exagero, por el estado de volatilidad que ha alcanzado vuestra sociedad, sin valores sólidos, donde lo que eran nexos potentes se han convertido en lazos provisionales y frágiles; y en la que la incertidumbre, por la vertiginosa rapidez de los cambios, ha debilitado los vínculos humanos-.-Tus palabras describen lo que algunos pensadores contemporáneos han denominado la “sociedad líquida”. ¿Has oído hablar al respecto?-.Al negármelo con la cabeza, prolongué mi reflexión:-Es un concepto no demasiado divulgado. Su origen se halla en las aportaciones del sociólogo polaco Zygmunt Bauman. Él es el autor de la llamada “modernidad líquida” y, por extensión, de la citada noción de “sociedad líquida”. Sus reflexiones y conclusiones son muy notables para entender los tiempos de cambio y de “red” en los que andamos metidos. Particularmente, para comprender este concepto, el de “red”, más allá de su transfondo tecnológico, ahondando en sus implicaciones en la sociedad contemporánea y la vida de la gente-.-¿Podrías darme más detalles?-, me preguntó francamente interesado.-Mira, Merlín, en el presente, la “sociedad” se ve y se trata como una “red”, en vez de como una “estructura”: la sociedad se percibe como una matriz de conexiones y desconexiones aleatorias y de un número esencialmente infinito de permutaciones posibles.

 Los vínculos humanos son cada vez más frágiles y se aceptan como provisionales. La exposición de los individuos a los caprichos del mercado laboral y de bienes premia las actitudes competitivas, al tiempo que degrada la colaboración y el trabajo en equipo al rango de estratagemas temporales que deben abandonarse o eliminarse una vez que se hayan agotado sus beneficios.-De ahí el colapso del pensamiento, de la planificación y de la acción a largo plazo, junto a la desaparición o el debilitamiento de aquellas estructuras sociales que deberían pensar en esos términos-, puntualizó.-Efectivamente-, continué. -La historia política y las vidas individuales se reducen a una serie de proyectos de corto alcance y de episodios que no se combinan de manera compatible con conceptos como “desarrollo” o “maduración”. Una vida tan fragmentada estimula orientaciones “laterales” antes que “verticales”. Los éxitos pretéritos no suponen mayor probabilidad de futuras victorias, y mucho menos las garantizan. Para el éxito futuro lo más importante puede ser “olvidar”.-¡Espectacular!-, refunfuñó,-Ahora la responsabilidad recae en los individuos, de quienes se espera que sean “electores libres” y que soporten las consecuencias de sus elecciones, pese a que los riesgos implícitos en cada elección pueden ser causados por fuerzas que trascienden la comprensión y la capacidad individual para actuar. La virtud más útil no es la “conformidad” a las normas, sino la “flexibilidad”: la presteza para cambiar de tácticas y estilos en un santiamén; para abandonar compromisos y lealtades sin arrepentimiento; y para ir en pos de las oportunidades según la disponibilidad del momento, en vez de seguir las propias preferencias consolidadas.-Es decir, que estáis en pleno proceso de separación, de divorcio, entre el poder y la política-. Se detuvo un momento. -Y esta pareja había sustentado hasta ahora lo que llamáis el Estado Moderno-.- ¡Exacto!-, exclamé entusiasmado por la fluidez del coloquio. -Hasta ahora el “progreso” era una promesa de felicidad universal y duradera, la manifestación extrema del optimismo radical. Pero ahora, representa la amenaza de un cambio implacable e inexorable que, lejos de augurar paz y descanso, presagia una crisis y una tensión continuas que imposibilitan el menor momento de respiro. 

El progreso se ha convertido en algo así como un persistente juego de las sillas en el que un segundo de distracción puede comportar una derrota inapelable. En lugar de grandes expectativas y dulces sueños, el progreso evoca un insomnio lleno de pesadillas en las que uno sueña que se queda rezagado, pierde el tren o se cae por la ventanilla de un vehículo que va a toda velocidad y que no deja de acelerar-.-¡Tremendo!-, espetó mientras volcaba la espalda en el respaldo de su asiento. – Las consecuencias lógicas de todo ello son el cortoplacismo, la evanescencia, la falta de compromiso, la carencia de estructuración real, el exceso y la ausencia de medida, el ritmo alocado y el culto a la velocidad-.

-Venga señores, que la cena se enfría. Ya está bien de cháchara-, nos interrumpió la voz de la Reina de las Tempestades. Observé a Merlín, atento a lo que hiciera.- ¡Pues venga, vamos!-, fue su reacción. –Una plática tan grata me han abierto el apetitito. En cuanto tengamos ocasión charlaremos, Emilio, de la significación que en todo lo que hemos comentado ostenta la incapacidad de tus congéneres para vivir el presente-.-Trato hecho-, le contesté complacido. Seguro que en futuras Crónicas de Ávalon podré ofreceros noticias al respecto.


Posteado por Oliver Mora.http://novaterra2013.blogspot.com/https://www.facebook.com/Novaterra2013WebSite: http://despertando.me/?p=118990


continuará

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