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domingo, 27 de enero de 2013

Crónicas de Ávalon: 10. Campos morfogenéticos , 11. DIMENSIONES Y Síntesis del texto original con audios


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10. Crónicas de Ávalon: Campos morfogenéticos - el cielo en la tierra 

31 de Agosto de 2010
Audio

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Los Dywrnad se sucedieron de manera trepidante tras las jornadas que ocuparon el encuentro de hadas jóvenes. Me propuse interiorizar realmente y lo antes posible todo lo que en él había aprendido. Así se lo trasmití a Merlín en la primera ocasión que tuve. Y el Gran Mago se apresuró a darme un consejo:

-Ya has oído hablar de los campos morfo genéticos. Nosotros mismos hemos intercambiado algún comentario al respecto-, me dijo con su afable gesticulación, mientras yo me limitaba a confirmar sus palabras con un ligero gesto de cabeza.

-Pues para avanzar en la práctica del ahora y del ho´oponopono-, continuó, -te aconsejo que profundices en lo que dichos campos son y representan. Al principio te parecerá que poco tienen que ver con vivir el momento presente o con la realización del tradicional ejercicio hawaiano, pero te aseguro que llegarás a un estadio en el que percibirás claramente la estrecha conexión existente-.

Por supuesto que le hice caso. Busqué información al respecto tanto en Internet como en la nutrida biblioteca del Castillo de la Reina de las Tempestades. La localicé con facilidad y en abundancia.

Lo primero que pude constatar es que los campos morfo genéticos son parte de los llamados campos mórficos. Y que estos pueden ser definidos como patrones, modelos o estructuras de tipo inmaterial que se hallan en la Naturaleza, en general, y en cada una de las distintas especies, en particular. El biólogo Rupert Sheldrake fue uno de los pioneros en defender su existencia. Indagó para ello acerca de las causas por las que un árbol de una determinada familia se estructura de manera idéntica en cualquier punto del planeta, a pesar de las enormes diferencias geográficas, climatológicas y ambientales; o por las que miembros de una misma especie animal reproducen cambios de conducta o procesos de aprendizaje aunque no haya contacto alguno entre ellos y los separen miles de kilómetros.

En uno de sus experimentos, Sheldrake introdujo unas ratas de laboratorio en un laberinto especialmente complicado. Tras numerosísimos intentos, lograron encontrar la salida. A partir de lo cual, empiezan los datos llamativos: las crías de esas ratas fueron capaces de salir del laberinto en su primer intento; y, todavía más curioso, lo mismo ocurrió con ratas de la misma especie a las que se sometió a ese experimento ¡en las antípodas! A partir de aquí, Sheldrake acuñó el concepto de “campos morfo genéticos” para tratar de explicar los cambios que ocurren entre miembros de una misma especie sin que haya mediado contacto “físico”, desplegando un amplio abanico de investigaciones que volcó, finalmente, en lo que llamó Teoría de la Causación Formativa.

Esta teoría examina cómo las cosas adoptan sus formas o patrones de organización, sean galaxias, átomos, cristales, moléculas, células, plantas o animales. A diferencia de las maquinas, que son artificialmente ensambladas por los humanos, todas estas entidades se organizan por sí mismas, esto, es, cuentan con formas, patrones o estructuras que disfrutan de propiedades auto-organizativas: un átomo o una molécula se organizan solos; cada proteína tiene su propio campo mórfico (un campo de hemoglobina, un campo de insulina,…); un cristal cristaliza autónomamente y cuenta con una organización inherente; los animales crecen espontáneamente; etcétera. Por tanto, su teoría aborda los sistemas naturales auto-organizados y el origen mismo de las formas que adoptan, concluyendo que la causa de éstas radica en la influencia de campos organizativos o campos formativos que denominó campos mórficos. Y las formas y patrones que asumen galaxias, átomos, células, cristales,... dependen de la manera en que tipos similares han sido organizados en el pasado. Hay una especie de memoria integrada en los campos mórficos de cada cosa auto-organizada, concibiendo las pautas y regularidades mucho más como hábitos que gobernadas por leyes físicas o matemáticas preexistentes.

Igualmente, llamó mi atención el hecho de que los campos mórficos o morfo genéticos contienen información que, una vez creados, está disponible y es utilizable con independencia del tiempo y el espacio y sin pérdida alguna de intensidad. Son campos no físicos que ejercen influencia sobre sistemas que presentan algún tipo de organización inherente. Gracias a ello, permiten la transmisión de tal información entre organismos de la misma especie sin mediar ni proximidad física ni sincronicidad temporal. Es como si dentro de cada especie de las innumerables que pueblan nuestro planeta -o el Universo- existiese un vínculo que actuara instantáneamente en un nivel subcuántico, es decir, fuera del espacio/tiempo y de la esfera tridimensional (la Tercera Dimensión de la que nos habla la ciencia) en la que trascurre nuestra vida física.

Una tarde en la que compartíamos un tranquilo paseo por uno de los bosques cercanos a su casa, hice una primera puesta en común con Nimue sobre mi aproximación a la obra de Sheldrake. En un momento dado de la conversación, me sorprendió con una contundente afirmación:

-La Isla de Ávalon es una perfecta manifestación de la memoria espiritual de la Madre Tierra y, por ende, de los campos mórficos; y una colosal prueba de la existencia y el modus operandi de los mismos. Desde aquí hemos seguido con atención los avances del biólogo y filósofo británico y hemos aplaudido desde nuestro voluntario retiro su convencimiento de que la memoria es inherente a la Naturaleza, que la guarda, preserva y transmite por vías no materiales y, por tanto, aparentemente situadas fuera de la racionalidad-.

-Cuesta trabajo asimilar tal aseveración-, me sinceré, -cuando la gente corriente tiene dificultades para recordar lo que hizo la semana pasada o para rememorar objetivamente, sin dejarse arrastrar por las percepciones subjetivas, un determinado hecho o circunstancia-.

-Ja, ja, ja… Así es, Emilio, y tiene su gracia. Pero la verdad es que lo que la mente de un ser humano pierde, arrincona, disfraza o reinterpreta no es olvidado, en cambio, por la Humanidad, ni por la Madre Tierra, ni por el Cosmos, ni por la Creación. Y la memoria de la Naturaleza y, en el caso que estamos abordando, de la Humanidad están siempre ahí, tanto a disposición de cualquiera que de manera consciente quiera utilizarla como influyendo en el comportamiento de las personas, aunque sean absolutamente inconscientes al respecto. Son influjos e impactos no visibles y cuasi virtuales que actúan a través del tiempo y el espacio.

-Es algo incomprensible-, corroboré, -desde la visión egóica que prevalece en la sociedad actual: yo (sujeto) frente al mundo (objeto) y el mundo como algo separado y hasta enfrentado con mi yo-.

-Y totalmente normal y lógico desde la Consciencia de Unidad que configura la Realidad de cuanto es y existe y constituye la esencia de Ávalon, llenando cotidianamente de energía, sabiduría innata y equilibrio la existencia en la isla. Los campos mórficos son otra muestra de la Unidad que todo engloba e integra. Y aunque hay una enorme variedad de campos o patrones, porque muchas son las modalidades de vida, la sistemática siempre es similar, lo que, por otro lado, cuestiona la selección natural darwiniana al mostrar que, habiendo multitud de combinaciones y alternativas posibles, los organismos recurren siempre a una común-.

-Este último extremo, Nimue, me ha interesado especialmente al leer a Rupert Sheldrake. Siguiendo sus reflexiones, la información que albergan los campos mórficos se comunica interactivamente a todos y entre todos los componentes de la especie, lo que demuestra una propensión a la colaboración, no a la lucha por la supervivencia-.

-Exacto. Sheldrake otorgó el nombre de resonancia mórfica al modo específico en el que se produce tal comunicación. A diferencia del instinto o morfogénesis, tal resonancia evoluciona de forma colectiva, observándose adaptaciones en gran escala y a enormes distancias en todo el planeta. Hace medio siglo, los caballos solían lastimarse con las vallas alambradas de los campos, pero en este tiempo toda la especie ha aprendido a evitar el alambre de púas. Y no solamente actúan de manera diferente frente a este obstáculo, sino que en general no reaccionan ya como sus predecesores ante otros avatares-.

-Esto me recuerda-, la interrumpí, -una entrevista efectuada a Noam Chomsky, el célebre lingüista norteamericano, en la que indicaba que es imposible explicar la rapidez y la creatividad en la adquisición del lenguaje solamente por vías de imitación. El concepto de resonancia mórfica permite comprender mejor como se produce ese proceso de aprendizaje humano del lenguaje. Y, en un sentido similar, explica por qué los rendimientos medios en los test de inteligencia tienden aumentar: no es que las personas sean cada vez más inteligentes, sino que la resonancia transmite a la especie el aprendizaje logrado al respecto por una parte de sus miembros. Valga como botón de muestra el Test de Matrices Progresivas de Raven, que mide la capacidad intelectual de sujetos de 12 a 65 años: tras ser usado durante decenios, hoy se considera prácticamente obsoleto debido a que, aunque los nuevos usuarios no lo conozcan y no tenga un mayor nivel medio de inteligencia, tanto los adolescentes como los adultos los resuelven con mucha más facilidad que antes-.

-Sí, sí,… Emilio. Es francamente espectacular. ¡Y tan bello!-, expresó Nimue sinceramente emocionada. -Si un aprendizaje ocurre en un campo concreto en algún punto espacial, esta información queda disponible en cualquier manifestación de este campo en cualquier tiempo y lugar. Y, a través de los hábitos, los campos morfo genéticos van variando su estructura, dando pie, así, a los cambios estructurales de los sistemas a los que están asociados. El campo actúa como una especie de radio emisora que siempre está emitiendo en una franja de frecuencias específicas que define precisamente a ese campo. Por un lado, la radio, sus ondas, está permanentemente en el aire, propagando y haciendo disponibles las informaciones; por otro, también está constantemente recibiendo y almacenando nuevas informaciones lanzadas por otras radios que funcionan en la misma franja. Se configura, así, una compleja red de informaciones, con constantes “inputs” y “outputs”. A medida que van siendo repetidas y guardadas, el campo se configura en patrón morfo genético: algo así como la memoria de la especie o del individuo, lo que algunas escuelas llaman “Akasha” o “archivos akásicos”-.

Tras aquella velada, llegué a pensar que mi inmersión en los campos mórficos ya no me podía deparar más sorpresas. Me equivoqué. Y fue Merlín el encargado de hacérmelo ver durante la sobremesa de una de nuestras habituales comidas, disfrutando de la hospitalidad de la Reina de las Tempestades y compartiendo mantel y conversación con ella.

-¿Has reflexionado acerca de que los campos mórficos funcionan también en nuestra propia genética, en el ADN?-, me interrogó en un momento dado.

-¿Nuestro ADN?-, le inquirí sin entender muy bien la pregunta.

-Y tanto, Emilio. El ADN codifica la secuencia de aminoácidos que forman las proteínas, pero existe una gran diferencia entre codificar la estructura de una proteína y programar el desarrollo de un organismo entero. Es la misma diferencia que hay entre fabricar ladrillos y construir una casa con ellos. Los ladrillos son necesarios para edificar la vivienda; y la calidad de ésta dependerá de la de aquéllos. No obstante, el plano de la casa no está contenido en los ladrillos. Análogamente, el ADN codifica los materiales, pero no el plano, la forma, la morfología del cuerpo. Y es precisamente en este punto donde los campos morfo genéticos juegan su papel. ¿Entiendes?-

-Los campos mórficos definen la existencia de un patrón o estructura energética que organiza la vida de los miembros de todas y cada una de las especies existentes-, dije pensando en voz alta. -Y se encargan de informar a las células sobre cómo deben disponerse para formar al individuo de cada especie, determinando de manera sutil los movimientos, comportamientos y tendencias de todos los ejemplares de la misma-.

-Luego-, el Gran Mago volvió a coger la batuta, -el campo mórfico no se halla en los genes, en el ADN biológico, sino en el exterior de cada individuo concreto, como una especia de holograma envolvente, interactuando con su interior a través del ADN sutil, siendo el depositario de la información esencial que permite que la vida se desarrolle-.

-Sí, lo comprendo...-.

-Pues claro,… Sólo aquellos que mantienen su mente llena de prejuicios se resisten a aceptar la existencia de los campos mórficos y piden pruebas racionales. Sin embargo, la existencia de los campos mórficos se puede probar más por sus efectos que de forma directa. La mejor manera de entenderlos es trabajando directamente con grupos de organismos estructurados. Estas sociedades de individuos pueden transmitirse información a distancia sin estar conectados por medios sensoriales conocidos. No es sencillo comprender por medios tradicionales cómo se comunican las bandadas de pájaros para cambiar de dirección con rapidez y sin chocar unos con otros. De la misma forma, es difícil conocer la naturaleza real de numerosos vínculos humanos, interpersonales y comunitarios. Se puede inferir que los campos mórficos trascienden el cerebro, nos unen a los objetos que percibimos y nos proporcionan la capacidad de afectarlos con nuestra atención e intención-.

-Lo que me trae a la cabeza, Merlín, un experimento que leí en un libro de Edgard Morin. En él, los investigadores quitaron a un árbol todas sus hojas. Ante ello, como era previsible, el árbol empezó a segregar más savia, con el fin de reemplazar las hojas que había perdido, así como una sustancia protectora contra los parásitos. Curiosamente, los árboles vecinos de la misma especie empezaron a segregar la misma sustancia antiparasitaria que el árbol agredido-.

-Las consecuencias de todo lo que estáis hablando son fabulosas-, terció en el diálogo la Reina de las Tempestades, -y se muestran espléndidamente en el famoso experimento del centésimo mono”, divulgado por la obra de Lyall Watson. En 1952, en la isla Koshima, próxima a Japón, los científicos empezaron a proporcionar a los monos de la especie Macaca Fuscata patatas dulces que dejaban caer en la arena. Les gustó su sabor, pero las rechazaron al estar sucias por la arenilla, hasta que una mona joven las lavó y comió. Enseñó el truco a su madre y a otros compañeros jóvenes. Los monos mayores no aprendieron, excepto aquellos que tenían hijos jóvenes, quienes enseñaron el truco a sus padres. Pero poco a poco, entre 1952 y 1958, todos los monos jóvenes y sus padres incorporaron este avance. Un día de otoño de 1958, cierto número de monos -se desconoce la cantidad exacta, pero supongamos que eran 99- lavaban las patatas dulces. Y al día siguiente (supongamos también) por la mañana, el mono número cien aprendió a lavarlas. Por la tarde, todos los monos de la tribu lavaron sus patatas antes de comerlas. La suma de energía de aquel centésimo mono creó, en cierto modo, una masa crítica y, a través de ella, una eclosión ideológica. Pero lo más sorprendente es que las colonias de monos de otras islas, sin contacto con los anteriores, así del continente asiático empezaron también a lavar sus patatas dulces-.

Merlín, que había escuchado con atención y deleite las palabras anteriores, se apresuró a lanzar una potente conclusión:

-Fundamentado en este experimento y otros similares, podemos afirmar que cuando un número limitado de individuos conocen un nuevo método, sólo es propiedad consciente de ellos mismos. Pero, ¡ojo!, existe un punto en el que, con un individuo más que sintonice con el nuevo conocimiento, éste llega a todo el colectivo y se socializa para el conjunto de la especie. Lo que permite deducir que la conexión existente entre todos los seres vivos de una misma especie posibilita que todos los miembros logren un avance compartido al alcanzar lo que se conoce como “masa crítica”, consistente en un número suficiente de miembros que hayan asimilado la enseñanza en particular. Aplicada al plano espiritual, esta interacción explica el funcionamiento del denominado Cuerpo Místico o Crístico, así como el momento que vive actualmente la Humanidad, cuando está alcanzando la masa crítica que posibilitará un gran despertar general y el salto consciencial junto con la Madre Tierra-.

La claridad y hermosura de estas apreciaciones sellaron mi boca. Tras unos segundos, fue la Reina de las Tempestades la que rompió el silencio:

-Nuestras conexiones con los demás son mucho más fuertes de lo que creemos; y nuestro grado de determinación e influencia en el mundo, mucho más potente de lo que nos parece. Maharishi Mahesh Yogi tiene toda la razón cuando sostiene que si el 10% de la población mundial meditase, se lograría que el restante 90% de los habitantes del planeta cambiaran su forma de pensar. Y es innegable que el presente, también el despliegue de éste que llamamos futuro, de la Humanidad y del planeta dependen de que el ser humano crezca en consciencia. O, dicho con más propiedad, de que podamos pasar de una “consciencia egóica” a otra “consciencia de Unidad”. Todo lo que hagamos en esta dirección contribuye a acrecentar la “masa crítica” que hace posible el cambio, incluido lo que personal y humildemente llevemos a cabo en nuestra cotidianeidad más inmediata. Vivir el presente, acallar la mente, buscar espacios de silencio y recogimiento interior, optar por un estilo de vida distinto del ritmo estresante que quiere imponer la sociedad actual, calibrar nuestras verdaderas necesidades y satisfacerlas con austeridad, compartir bienes, tiempo y experiencias con los demás, desarrollar hábitos de vida saludables que nos proporcionen energía y alegría o practicar técnicas como el ho´oponopono… ¡Son actos de Amor hacia uno mismo y hacia toda la Humanidad que coadyuvan a la transformación y expansión de la consciencia del género humano, la Madre Tierra y la Creación en su totalidad y Unidad!-.

Tras esta conversación, percibí de manera meridiana que la meta de interiorizar cuanto antes y en profundidad lo aprendido durante el encuentro de hadas jóvenes vibraba dentro de mí aún con más fuerza que fechas atrás. Sin duda, los conocimientos acerca de los campos mórficos me habían ofrecido nuevas perspectivas. Y tomé la decisión de pasar el mayor tiempo posible en mi habitación, para que la soledad y el aislamiento forjaran el marco idóneo en el que avanzar en tal interiorización.

La meditación, la música clásica, la lectura y la escritura se configuraron en los pilares de un recogimiento que sólo interrumpía para gozar de un largo paseo matinal por los alrededores del castillo, en los desayunos y comidas para compartir un rato de charla con mi anfitriona y Merlín y a la caída de la tarde, cuando Nimue me recogía para dar otro paseo, éste más corto, y cenar luego en su casa. Fue así como pude vivenciar íntimamente todo lo que la Maestra de Hadas, sus maestras Auxiliares y, finalmente, Morgana, habían enseñado durante las sesiones del Tor.

Es muy difícil describir con palabras, máxime vertidas sobre un papel, lo que me fue sucediendo en el transcurso de los siguientes Dywrnad.

Mi primer empeño consistió en ejercitar a conciencia la Práctica del Ahora. Soy de naturaleza perseverante y apliqué este don para lograr que estar alerta en el momento presente se convirtiera en una experiencia constante y espontánea. Cuando esto comenzó a ocurrir, me embargó una felicidad muy distinta, mucho más genuina, a cualquier estado o instante feliz que hubiera podido disfrutar anteriormente. Sin embargo, no hubo tregua y, sin darme cuenta, me metí en una especie de montaña rusa en la que lo que daba bandazos era mi propio interior. Sus efectos traspasaron lo emocional, para materializarse físicamente, con mareos y arcadas. Llegué a pensar que había enfermado.

Afortunadamente, el malestar no duró mucho y pronto empecé a percibir claramente, por una vía ajena a lo mental y radicalmente desconocida para mí hasta ahora, que yo mismo, mi Ser Profundo divino y eterno, es el espacio en el que surgen y se despliegan las formas cambiantes del momento presente. Y de nuevo la felicidad fue la playa de blancas arenas y cielo azul a la que me arrastró esa tempestad. Entonces, sólo entonces, las puertas del ho´oponopono, su hondo significado, se me abrieron de par en par. Y en mi interior estalló una sensación de libertad y alegría sin límites y el convencimiento de que había asumido, sin interrogantes ni fisuras, el 100 por 100 de la responsabilidad de mi vida.

Se trató, por tanto, de una experiencia consciencial en cadena situada fuera de la razón, de los juegos de la mente y de los conocimientos teóricos. No pude evitar compartirla con Nimue, la Reina de las Tempestades y Merlín. Y la respuesta de los tres, en conversaciones bis a bis, fue prácticamente la misma:

-Bien, Emilio. Ya estás preparado-.

-¿Preparado?, ¿para qué?-, reaccioné casi en tono de queja, pues daba por hecho que había llegado al final del camino iniciado en las jornadas del Tor.

-Ten paciencia, sigue usando la perseverancia y confía en la Providencia-, fue la contestación de los tres.

Debo reconocer que me inundó la frustración. Quería descansar en esa playa de arenas blancas que me proporcionaba tanta felicidad íntima. Había cogido el timón de mi vida; y lo había hecho no desde el ego, sino desde mi Yo Verdadero. ¿Había más que lograr, otros objetivos a alcanzar?. ¡Imposible!, me decía. No deseaba volver a navegar, ni que me asolaran nuevas sensaciones enfermizas. No obstante, quizá porque no tenía otro remedio, les hice caso. Tuve paciencia, fui perseverante.

Y llegó un momento en el que empecé a notar la necesidad de realizar cortos periodos de descanso a lo largo del Dywrnad, como si fueran pequeñas y numerosas siestas. Un anochecer, en particular, sentí una intensa vibración entre el corazón y el ombligo, en el plexo solar, y una enorme necesidad de dormir. Entré en un sueño muy hondo, prolongado, reparador…

… Al despertarme ya había amanecido y, sencillamente, todo era distinto. Sí, ¡otra Realidad! Seguía en Ávalon, físicamente continuaba siendo Emilio y mi habitación era como siempre; fuera de ella, la Naturaleza y el paisaje no habían cambiado; y la Humanidad, la Madre Tierra, la Luna, el Sol y el Cosmos entero permanecían inalterables. Sin embargo, ¡todo era diferente! Lo sentí con nitidez incluso antes de abrir los ojos. Y cuando empecé a despegar los parpados, lo hice en la completa consciencia de que contemplaba todo con ojos nuevos, que se había descorrido el velo y que tal hecho era absolutamente irreversible: nunca nada volvería a ser igual.

En esta ocasión no se trataba de un descubrimiento de tipo interior, como había vivenciado tras la excursión realizada con Merlín al Templo de la Roca de la que dejé constancia en otra Crónica. Era algo de mucho más calado. Nada había cambiado y, sin embargo, yo mismo y el mundo se habían transformado, metamorfoseado. En mi entorno, la paz fluía por doquier y casi la podía tocar con mis dedos. Y me noté lleno de Amor. Es más, me desbordó la certeza de que Todo, sin excepción, es Amor y que la existencia –ya no la podía llamar “mía”- consiste en realizar lo que Es: Amor.

Me incorporé de la cama muy despacio. Ya en pie, por la ventana de mi cuarto, en el horizonte, al fondo, divisé el mar. En cada choque de cada ola podía oír algo. Jamás lo había escuchado. Lentamente, di unos pocos pasos de tanteo y viví por primera vez la experiencia, tan extraña como placentera, de moverme conscientemente por la Matriz Holográfica en la que los seres humanos pasamos nuestros días.


EMILIO CARRILLO



11. CRONICAS DE AVALON -  DIMENSIONES 
21 de Septiembre de 2010

AUDIO 

Sobre la Matriz Holográfica me había hablado Morgana en el Chalice Well, el jardín aledaño al Tor, durante el descanso de su intervención en el encuentro de hadas jóvenes. El mensaje central de sus palabras quedó grabado en mi interior: “La vida humana se desarrolla en la Tercera Dimensión. Inmersa en ella, la gente tiende a creer que las Dimensiones de mayor rango que puedan existir, a las que llaman celestiales y angelicales, son más sutiles, abstractas y difusas. Sin embargo, en absoluto es así, pues esas otras Dimensiones son radicalmente reales, mientras que la Tercera es puramente holográfica y conforma un escenario virtual revestido falazmente de solidez por medio de una materialidad que no es tal, sino energía y vibración de bajo nivel frecuencial. En ese escenario, cada uno y en cada momento interpreta un papel y un guion definido por el grado de consciencia con el que se identifica y la visión del mundo y de su propia vida a tal grado asociada. De instante en instante, cada persona proyecta el grado de consciencia que hace suyo sobre el marco virtual en el que se desenvuelve, configurando lo que denomina realidad, que, no obstante, considera algo objetivo y ajeno a ella misma. Pero esa realidad nada tiene de objetiva, al contrario, es totalmente subjetiva y carece de entidad real, es pura ilusión. Al ser multitud las personas que actúan en el escenario virtual, las proyecciones conjuntas de todas ellas conforman una gran Matriz Holográfica-Virtual”.

¡Quién me iba a decir entonces que llegaría a sentir esa Matriz Holográfica con la claridad que ahora la percibía! Para que pudiera extraer de la experiencia todo su jugo y comprender exactamente lo que me estaba ocurriendo, Nimue me aconsejó dos cosas.

Por un lado, que conociera lo que los avances científicos más innovadores estaban poniendo de manifiesto acerca del denominado Principio Holográfico. Para lo cual sería suficiente con una charla distendida con su íntima amiga la hada Igraine, toda una experta en el paradigma holográfico, pues hacía unos años, tras concluir la licenciatura de Física en la Universidad de Londres, se trasladó a la californiana de Berkeley para hacer allí su doctorado bajo la dirección de Raphael Bousso, uno de los investigadores de mayor reconocimiento mundial en las formulaciones y consecuencias del citado paradigma.

Y, por otro, incluso antes de la reunión con Igraine, que me adentrara en el estudio de lo que la propia física y las matemáticas tildan como “dimensiones”, pues sólo así podría entender el funcionamiento de la Tercera Dimensión y el juego en ella del mencionado Principio Holográfico. Para lo cual se ofreció a prestarme un libro muy singular titulado Dimensionis, que guarda en el “sancta sanctórum” de su biblioteca personal.

Ni que decir tiene que le hice caso en ambos consejos y por el orden que me había indicado. Así que pronto pude acceder al indicado libro, por llamarlo de alguna forma, ya que su portada y contraportada las componen unas toscas tapas de algún tipo de piel, en muy mal estado, atadas entre sí por uno de sus laterales, engarzando un conjunto de viejísimos legajos escritos por las dos caras y cortados y numerados a modo de páginas.

Descorriendo la lámina de fino cristal que le daba protección, Nimue lo extrajo con mimo de la parte superior de una de las estanterías de madera de ébano que conforman su biblioteca, que sin contar con la envergadura en cantidad y calidad de la de la Reina de las Tempestades, se halla magníficamente surtida. Al dármelo, me aseguró que su centenar de páginas eran fiel transcripción al latín de una serie concadenada de arcaicos rollos de pergamino, redactados inicialmente en griego, hebreo, arameo y, sobre todo, en eme-ku, el más remoto de los dialectos sumerios. Habían sido salvados de la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, a donde recalaron dentro del lote de decenas de miles de manuscritos, traídos desde la Biblioteca de Pérgamo (en la actual Turquía), que Cleopatra donó a la institución alejandrina en el año 40 a.c...

Atónito por la información y emocionado por poder disponer de aquella joya, pero lamentando mi ignorancia, agradecí a Nimue su deferencia a la par que le confesaba mi absoluto desconocimiento de la lengua latina, lo que me incapacitaba para disfrutar de sus contenidos. En ese momento su cara dibujó la mueca entre divertida y traviesa que tan bien yo conocía y que solía ser el preámbulo de algún comentario o iniciativa que ella estimaba jocoso y que a mí raramente me lo parecía. Sin embargo, en esta ocasión sus palabras me llenaron de alegría:

-Creo que no vas a tener problemas-, afirmó mientras tomaba otro libro, éste de configuración moderna, de una mesita cercana. -Aquí tienes su traducción a tu idioma. Yo misma me encargué de realizarla hace ya tiempo como deferencia al lugar donde el texto latino fue escrito. Tuve que pedir permiso para ello a mis amigos de Ávalon, que me autorizaron con la condición de que ni el texto primigenio ni la copia en español abandonaran nunca la Isla-.

Rápidamente abrí el libro original y busqué la cronología de su edición en sus primeras páginas. Mis ojos no daban crédito a lo que veían: su redacción se había efectuado en Sevilla, mi lugar de nacimiento y residencia, ¡en el año 635! Ante mi ostensible extrañeza, Nimue no me dio respiro:

-No tengo ni idea de cómo llegaron hasta él los rollos de pergamino, ni con qué tipo de colaboradores contaba, expertos en lenguas tan antiguas, pero está fuera de duda que el coordinador de su transcripción al latín fue Isidoro de Sevilla, uno de los grandes eruditos de la temprana Edad Media y arzobispo de tu ciudad desde el año 599 hasta su muerte en 636. Y culminó la obra poco antes de fallecer y tras haber concluido su trabajo fundamental, las Etimologías, colosal compilación en la que sistematiza y condensa todo el saber de la época. Probablemente, él y su equipo nunca llegaron a comprender sus contenidos, pues la Humanidad ya había perdido los conocimientos imprescindibles al respecto, pero el transcriptor-autor de Dimensionis fue Isidoro de Sevilla, santo y doctor de la Iglesia y, desde 2001, patrón de Internet -.

Pasmado por la causalidad y asombrado por lo que tenía en mis manos, los siguientes Dywrnad los pasé absorbido en la lectura de la versión española, pero con el texto en latín siempre a mi vera, para poderlo tocar, oler,… sentir. Y consciente de que en algún momento debería devolverlo a su propietaria, opté por realizar un resumen de sus contenidos. Por su extensión, no puedo recogerlo en el marco de estas Crónicas, aunque sí ofreceros una síntesis de lo resumido. Para ello me he permitido ciertas licencias lingüísticas, determinadas adaptaciones a la terminología científica moderna y, puntualmente, alguna interpretación o aclaración personal. Pero, en lo básico, os garantizo que respeta los contenidos transcritos por Isidoro y sus colaboradores. 


EMILIO CARRILLO

Dimensionis

(Síntesis del texto original, adaptada al lenguaje común y a la terminología científica contemporánea) 


audio

En recuerdo y honor del Tres Veces Maestro, del Alma Pluriconsciencial de Sexta Dimensión que tras la Gran Caída de la Madre Tierra y la Humanidad se manifestó y encarnó como Hermes, el Inefable Trismegisto. Fue su Mensaje: “Nada reposa, todo se mueve; todo vibra. Desde el Todo, Eminente Ser Uno, a la modalidad más densa de materia, todo está en vibración. Todo es Vibración y la Creación se conforma en Dimensiones según los niveles vibratorios en las que el Ser Uno consciencialmente se manifiesta, configurándose en la Matriz del Universo”. Y tú que accedes a estas palabras, no dejes que se extinga la llama. Sustentada generación tras generación en los Templos Sagrados de los Sacerdotes del Amor, no permitas que se extinga la llama.

Es un hecho casi inabarcable para la mente humana, pero en la Creación proliferan los Multiversos, configurado cada uno por cuantiosos Universos. Los Multiversos se distinguen entre sí por el grado de complejidad vibracional y dimensional: en los más simples, conviven unas pocas Dimensiones y los distintos Universos que los componen se diferencian tan sólo por las condiciones iniciales; en los más complejos, coexisten muchas Dimensiones y varían la naturaleza intrínseca y las leyes físicas de cada Universo. Además, en los Multiversos, los Universos nacen a cada instante: no hubo una sola explosión (“big-bang”), las hay continuamente. Y la experiencia humana se despliega en una pequeña burbuja inmersa en una burbuja mayor dentro de una inmensa sopa de burbujas de infinidad de tamaños. O, lo que es lo mismo, en una Dimensión de una de las distintas Dimensiones existentes en uno de los muchos Universos que se integran en uno de los numerosos Multiversos que constituyen el Omniverso y la Creación.

La organización subyacente en todo ello es Trascendente (cuántica y subcuántica), de modo que no hay nada superior o inferior, sino interior y exterior. Desde la óptica del plano humano, lo interior sería homologable a lo superior; y lo exterior, a lo inferior. La Realidad es que lo interior absorbe a lo exterior en la Unidad, lo superior absorbe a lo inferior en la Unidad, la Luz absorbe a la oscuridad en la Unidad, el Amor absorbe al No-Amor en la Unidad y todo es absorbido en la Unidad por el Amor.

Y existen distintas Dimensiones, de manera que los Multiversos, los Universos y las Dimensiones interaccionan hasta conformar una “Hiper-Matriz” de complejidad infinita. Por ella fluye Consciencia unificada y Amor en estado puro, que como energía vibratoria se despliegan piramidalmente desde dentro (interior, superior) hacia fuera (exterior, inferior). Pero, ¿qué son las Dimensiones?. Pues el grado de libertad para realizar un movimiento en el espacio. Efectivamente, una Dimensión superior (más interior) supone una mayor toma de Consciencia y, por ende, una “mayor” capacidad para Crear, esto es, para cristalizar (decretar) efectivamente (vibracional y materialmente) la Voluntad, que es la Intención plasmada en Acción consciente.

(Nota personal de Isidoro de Sevilla: Por lo que no le faltaba razón a Cristo-Jesús cuando repetía a cuantos les rodeaban que “nada nos es imposible”. Así lo expresa en el pasaje narrado por Mateo (17:14-19) donde Jesús apela a la dimensión crística que atesora el ser humano y a la necesidad de que las personas interioricen su divinidad no cual reflexión intelectiva, sino como convicción profunda e íntima que llena la existencia. Y lo hace mostrando su cansancio ante la pereza y parsimonia que al respecto muestra la Humanidad: “¡Generación perversa e infiel!. ¿Hasta cuándo tendré que estar con vosotros?. ¿Hasta cuándo os tendré que soportar?”. Palabras duras que no evitan que, de inmediato, exprese con un hermoso y sencillo ejemplo lo que está a nuestro alcance: “Si vuestra fe fuera como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible”).

En este orden, las Dimensiones son los diferentes estados de activación y expansión de la consciencia que se experimentan en el proceso de crecimiento y evolución del alma, lo que la lleva a encarnarse en distintos planos dimensionales.

¿Cuántas Dimensiones hay?. Según la perspectiva que se adopte, pueden distinguirse unas pocas Dimensiones o varias decenas (la moderna Teoría de Cuerdas contempla entre 10 y 26). Lo cierto es que postular cualquier clasificación supondría encerrarse en las categorizaciones lineales, parciales y engañosas que abundan en Tercera Dimensión. Con todo, aún sabiendo lo precedente y dado que las diferencias interdimensionales son de carácter vibratorio, es factible acudir al lenguaje musical para acometer su tabulación. Concretamente, aunque sea de manera aproximativa, cabe considerar alegóricamente que todas las Dimensiones configuran una octava.

En la notación musical, una octava es la distancia que recorre la escala después de siete pasos desiguales de tono y semitono. Como los intervalos se cuantifican por una cifra que expresa el número de notas que comprende, incluidas las dos de los extremos, este intervalo se denomina octava (como el archiconocido do-re-mi-fa-sol-la-si-do). Con este telón de fondo, cabe referirse a ocho Dimensiones, asociada cada una simbólicamente a una nota musical, por más que realmente haya otras muchas dentro de cada una de ellas y que la totalidad -desde la primera a la última, sin exclusión alguna- se encuentren interconectadas y en constante intercambio dinámico y vibracional:

+Primera Dimensión (Dimensión “Do” o “D-Do”) o Consciencia Funcional: Es la esfera vibracional donde el Verbo se condensa y la energía se transforma en materia, por lo que se le conoce, igualmente, como Microcosmos. Los niveles conscienciales son en ella elementales y prácticamente in-conscienciales o mecánicos, estando ligados al cumplimiento automático y espontáneo de funciones y tareas. Los minerales y el agua vibran en estas frecuencias, siendo los primeros su aspecto cristalino y el agua su aspecto liquido. En el seno del cuerpo humano, esta Dimensión se halla presente en los fluidos y las corrientes eléctricas, activa el código genético e impulsa energéticamente el sistema celular. Tomando al ser humano como ejemplo, “D-Do” equivaldría metafóricamente a la etapa pre-fetal, donde se es, por encima de cualquier otra cosa, un conjunto de potencialidades con un programa de división celular y mantenimiento de funciones.

+Segunda Dimensión (“D-Re”) o Consciencia Grupal: Se desenvuelven en ella las experiencias vivenciales de la mayoría de plantas, animales y formas animadas semejantes. Las vibraciones de esta Dimensión propician las fuerzas primarias de la Naturaleza e impulsan la variedad y la identidad biológica en todos los Universos, aunque en cada uno según sus propias pautas y modalidades de vida, manteniendo la unión entre las especies, fijando los campos que interconexionan a los miembros de cada una y permitiendo que sus componentes se reconozcan para vivir en común y cumplir funciones reproductoras. Aquí la consciencia carece de referencias temporales y espaciales y continúa rayando en la inconsciencia, en cuanto a que la pertenencia al grupo se asume de manera innata, no como consecuencia de un acto de voluntad consciente, y hay ausencia de diferenciación individual o auto-reconocimiento. Siguiendo con el ejemplo del ser humano, “D-Re” es comparable con la etapa fetal, en la que se flota en el seno materno siendo uno con el entorno en un estado no egóico y sin noción temporal ni espacial.

+Tercera Dimensión (“D-Mi”) o Dimensión Uniconsciencial: En ella se inserta, entre otras muchas, la experiencia humana y el planeta Tierra. En “D-Mi” se desarrolla la identidad individual y el auto-reconocimiento, pasando el sentido grupal a un plano secundario. Se crean así las condiciones propicias para que surja la consciencia, en sentido estricto, que faltaba en las dos primeras Dimensiones, si bien es de perfil uniconsciencial y, por tanto, muy menguada y constreñida. Es como percatarse de la existencia de uno mismo y de la Creación, pero contemplando y filtrando todo por la pequeña mirilla de la propia identidad física, en la que la mente ocupa un lugar destacado. La consecuencia es que se llama realidad a la interpretación subjetiva y mental de lo Real, cuya auténtica naturaleza y envergadura queda fuera de la capacidad de percepción. La Tercera Dimensión se configura, así, como un ámbito de intersección e interactividad entre las Dimensiones esencialmente físicas (Primera y Segunda) y las puramente no físicas (Quinta y sucesivas), lo que es la razón de ser de que “D-Mi” sea una gigantesca Matriz (holográfica) en las que modalidades de existencia como los seres humanos despliegan experiencias vitales y espirituales que posibilitan la toma de consciencia a cerca de uno mismo como individuo (ego, personalidad) en la suposición de “vivir” singularmente, particularmente, fragmentadamente, ajeno a la íntima Unidad de lo que Es. De hecho, esta es la Dimensión donde la idea ficticia de separación de la Unidad alcanza su máxima expresión, si bien esto es, a la par, lo que permite la aparición de la consciencia, aunque se encuentre atada a los dualismos y dicotomías derivados de la afirmación egóica del “yo”, que conlleva la confrontación con lo que es “no-yo” u “otro”, y a una percepción lineal del tiempo (pasado-presente-futuro) y el espacio. En el ejemplo de los seres humanos, empiezan a vivenciar esta Dimensión a los pocos meses del nacimiento -cuando el bebe se concibe como “yo” (por tanto, frente al “otro”), comenzando a expresar deseos y a forjar su ego y su personalidad- y, en bastante casos, se mantienen en este nivel consciencial el resto de su vida física.

+Cuarta Dimensión (“D-Fa”) o Consciencia Arquetipal: Presenta analogías con la Tercera, en cuanto continúa rigiendo la experiencia uniconsciencial. Sin embargo, aquí ya no es egóica y ahonda en la consciencia de unidad. Para ello, “D-Fa” se conforma en Escenario Trascendente (cuántico), pues la perspectiva uniconsciencial puede experimentar simultáneamente en él diferentes alternativas y posibilidades vivenciales, lo que fomenta la paulatina expansión de la consciencia hacia modalidades pluriconscienciales que abren las puertas, como se verá de inmediato, a otras Dimensiones. Esto significa que en la Cuarta conviven las nociones de pertenencia grupal, por un lado, y de individualidad, por otro, existentes en la Dimensiones Segunda y Tercera, aunque con características distintas. Específicamente, en lo que a la pertenencia grupal respecta, ya no es inconsciente, sino que trasciende lo grupal cual especie biológica para alcanzar un estadio en el que se constata como las acciones de cada cual afectan a la Totalidad. En cuanto a la individualidad, se mantiene la experiencia de vivir en un cuerpo (la Cuarta es la última Dimensión en la que esto sucede), pero el yo no se liga a lo físico, sino a lo arquetípico -emociones, sentimientos, sueños,…-, desarrollándose la empatía, la telepatía, la sincronicidad (constatación del papel de las causalidades, del principio de causa-efecto y de la Providencia), la capacidad de afectar y hasta moldear la realidad física y una visión del tiempo no lineal, sino en oleadas cíclicas o en forma de espiral.

+Quinta Dimensión (“D-Sol”) o Dimensión Pluri consciencial: Es la primera Dimensión estrictamente energética, no física, y escapa a cualquier conocimiento intelectual y mental humano. En ella se empieza a vivir la experiencia de conexión íntima y existencial con el Todo, con la Fuente y su Sabiduría, lo que permite acercarse a lo Real. Tal experiencia ostenta tres importantes consecuencias. Por un lado, se diluye cualquier noción de individualidad, sea física (Tercera Dimensión) o arquetípica (Cuarta). Por otro, se transita de una visión uniconsciencial (la pequeña mirilla de la propia identidad) a otra donde la consciencia individual propia de las Dimensiones precedentes se contempla integrada en un Ente energético y vibracional pluriconsciencial (como si oteara a través de múltiples mirillas), de modo que la existencia que en las Dimensiones anteriores se hubiera calificado de individual, se contempla aquí como una manifestación consciencial más de las múltiples que ese Ente despliega, por mas que las diversas manifestaciones conscienciales no mantengan entre sí una conexión consciente y esté limitada su capacidad de movimiento interdimensional. Y, por fin, el tiempo se percibe como un continuo en el que sólo existe el ahora eterno.

+Sexta Dimensión (“D-La”) o Consciencia Multidimensional: Al igual que la Cuarta y Tercera Dimensión, no siendo homólogas, sí ofrecen analogías debido al juego en ambas de la perspectiva uniconsciencial, la Sexta y Quinta, no siendo semejantes, si presentan analogías dado que en las dos se despliega la experiencia pluriconsciencial, que en “D-La” adquiere connotaciones multidimensionales. En concreto, con el devenir en esta Dimensión culmina la conexión con el Todo y su Sabiduría, provocando la desaparición de cualquier concepto o noción de identidad, sea personal (individualidad física, arquetípica o existencial) u ontológica (idea de ser en cualquiera de sus posibles variantes), y la expansión de la consciencia pluriconsciencial, que se hace más compleja y completa y adquiere libertad y poder para moverse y fluir multidimensionalmente. Por ello, por vez primera en el discurrir por las Dimensiones, Ser equivale a No-Ser, contemplándose la existencia cual manifestación consciencial de un Campo o Macro-Vórtice energético, integrado absolutamente, a su vez, en el Hiper-Campo Crístico o Espíritu divino, que se desenvuelve de manera multidimensional y más allá de cualquier limitación temporal, espacial o existencial, en numerosas manifestaciones conscienciales. La conexión entre éstas sí logra aquí, a diferencia de en “D-Sol”, una interconexión plenamente consciente e interdimensional, por distintos que sean los planos en los que desenvuelven sus experiencias.

+Séptima Dimensión (“D-Si”) o Consciencia Unificada: Es la frecuencia Omega (Crística o Búdica). El Espíritu, que siempre ha sido tal en cualquiera de las Dimensiones y modalidades de vida y existencia, “regresa al Hogar”. Aquí no hay Entes, ni Campos energéticos, por pluriconscienciales o multidimensionales que sean, sino única y exclusivamente el Espíritu emanado del Ser Uno, sin división o fraccionamiento consciencial alguno y con toda su potencia creadora. El proceso de evolución del Ser y el Todo se experimentan como Uno hasta un nivel que no puede ser descrito con palabras. Amor, Paz Absoluta, Silencio Profundo, Consciencia Perfecta, Concentración Completa, Quietud y Movimiento, Todo y Vacío y Ser y No-Ser son atributos de esta Dimensión, en la que todo es Creación Creadora. Sobre la triada Unidad – Consciencia – Amor, se crean y generan aquí los patrones y matrices de luz y creadores de vida que en otras Dimensiones, como la Tercera, se manifiestan y materializan en las formas geométricas y energéticas y las redes que conforman la Geometría Sagrada.

+Octava dimensión (“D-DO”) o Absorción: La integración es total y el Espíritu es absorbido en el Ser Uno. Todo es Él: Él es todas las Dimensiones y subdimensiones y cada una en particular (retomando el ejemplo, Él es la octava musical, en su conjunto, y, por ende, cada nota musical y todas a la vez); y Él es la experiencia consciencial que se expresa y desenvuelve en infinitas experiencias y manifestaciones conscienciales que fluyen por las Dimensiones, los Multiverso y la Creación.”D-Do” es la Fuente, en toda su Pureza. No hay formas, sólo Amor; no hay “estar”, sino “Ser”, que indisolublemente es también “No-Ser”. Es lo Absoluto y lo Indeterminado: Todo y Vacío, Ser Uno (Nota de Isidoro de Sevilla: Concluye en esta Dimensión el proceso descrito en la parábola del sembrador de Cristo-Jesús: el fruto de la semilla, tras un colosal recorrido experiencial, consciencial y multidimensional que acontece en un momento presente continuo en lo que lo eterno se desenvuelve, es el propio sembrador, sin separación ni disociación posible. No hay vuelta al Hogar, pues Todo, sin excepción, es el Hogar).

Dixit Dominus
 

CONTINUARÁ


Crónicas De Avalon, Parte 1: La Isla De Cristal, Parte 2: Ritmo De Vida, , Las Crónicas De Avalon, Parte 3: Merlín, Emilio Carrillo

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CRÓNICAS DE AVALON PARTE 4. IAPETUS Y NIBIRU, CRÓNICAS DE AVALON PARTE 5. VIAJE AL CENTRO GALÁCTICO Y A MI INTERIOR

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CRÓNICAS DE ÁVALON PARTE 7. VAMOS A CONTAR MENTIRAS

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CRÓNICAS DE ÁVALON 9. HO´OPONOPONO

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1 comentario:

  1. Emilio, ¿conoces la novela "Las brumas de Avalon", de Marion Zimmer Bradley, del 1982? ¿Qué opinión te merece?
    Gracias, un abrazo

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