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jueves, 8 de mayo de 2014

Instalarse en la Quietud del Corazón



La Quietud interior que Somos no depende de lo físico ni de ningua actividad exterior pero muchas veces se requiere un descanso del cuerpo para instalarnos en el Corazón.

Tenemos ajustes vibrales en el cuerpo que son facilitados con su inmovilidad. Mientras que otros ajustes pueden llevarse a cabo y son facilitados por el movimiento.

A lo largo del día hay unos picos de Luz donde ella empuja con mayor o menor intensidad. Según los picos la personalidad se calma o bien se excita.

En un pico de tensión no podemos nadar contracorriente. Se puede quedar uno mismo tranquilo y no identificarse con lo que sucede. Podemos reconocer la inefable Quietud que Somos pero el cuerpo y la mente notarán unos efectos de excitación. Es en esos momentos de Abandono ante las dificultades que posicionamos nuestra Verdad en lo cotidiano, mediante el cara a cara con uno mismo.

En un pico de distensión tenemos que favorecer el relajamiento de la mente y del cuerpo. Es en esos momentos cuando no hay que resistir si el cuerpo nos pide tumbarse, si nos pide descansar o bien él quiere moverse. Son esos momentos de Abandono donde los pensamientos se deslizan con suavidad y al contemplarlos amorosamente ellos desaparecen. Son esos momentos de Abandono donde nos instalamos en la vibración del Corazón, bien alineados con la Fuente.

Alguien instalado en la Quietud del Corazón puede cometer errores pero esos “errores” no son una actitud ni van a establecerse. ¿Quién no se ha tropezado alguna vez bailando una Danza?. Si la Vida palpita en nosotros, si nos dejamos hacer por la Luz no somos más los actores del teatro.

Por ello es tan importante el permitir equivocarnos en la Danza de la Vida, cuando soltamos las tensiones, cuando nos desequilibramos, cuando nos expresamos tal cual sentimos, cuando nos sorprendemos a nosotros mismos con algo poco habitual. La represión tan solo acrecentará el bloqueo y no nos convierte en seres más “espirituales”.

Poco a poco se instala una Paz contínua, algo inexplicable que permanece pase lo que pase, haya placer o dolor, incluso alegría o sufrimiento en la personalidad, la Paz sigue siempre ahí.

La Quietud de la Paz nos acaricia y se adueña irremediablemente de nuestro Templo.

Bastará con reconocer esa Quietud en cada instante para mantenernos alineados.

Centrados en el Ser, nos dejamos hacer para que obre la Gracia a través nuestro.


Del Uno al Uno



http://egaromm.wordpress.com/2014/05/08/instalarse-en-la-quietud-del-corazon/

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